Theodore
—¿Ese no es Theodore Jones? Es uno de los mejores actores del país.
—Mierda, es él. No puedo creer que de verdad sea él.
—¿Le pedimos un autógrafo?
—¿Me veo bien? Dios, está buenísimo.
La gente murmuraba a mi alrededor. Los flashes de las cámaras se disparaban a cada paso que daba. Algunos intentaban acercarse, pero mi representante se movía rápido y se les interponía con facilidad, impidiéndole el paso a cualquiera que se acercara demasiado. Seguí caminando, ignorando a todos.
Me detuve frente al edificio de Reed Corporation. Metí una mano en el bolsillo y bajé la mirada hacia el cabello que sostenía entre los dedos de la otra. Lo observé un momento y sonreí.
A mi lado, mi representante perdió la paciencia.
—Theodore —dijo con un suspiro—, ¿vas a decirme qué te pasa? Llevas días comportándote de una forma extraña. Primero me pides que investigue a una pasante de relaciones públicas. Luego te apareces de repente en Reed Corporation y te ofreces a trabajar con ellos. Ni siquiera me dejaste negociar unas condiciones económicas adecuadas; pediste una cantidad pequeña y exigiste que esa chica fuera tu agente personal de relaciones públicas. Y eso que ya tenemos profesionales de primera. —Hizo una pausa y me examinó—. Entiendo que no trabajas por dinero, pero esto es raro. ¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan desesperado por trabajar con ella?
No respondí.
—Espera, no me digas que te gusta —dijo alzando una ceja.
—Cállate. No es eso —respondí con un resoplido burlón.
—¿No? —insistió—. Entonces, ¿qué es? ¿Por qué de pronto te interesa tanto esa mujer? Es bonita, claro, pero ni siquiera es del tipo que suele gustarte.
—Solo quería comprobarlo —dije mientras me pasaba una mano por el cabello y me ponía más serio.
—¿Comprobar qué? —preguntó, confundido.
—Mi hermano se toma su tiempo para todo, pero yo no soy así —dije volviéndome hacia él. Apreté el cabello entre los dedos—. Quería comprobar por mí mismo si era cierto o no.
Antes de que pudiera hacer otra pregunta, me arranqué un cabello. Saqué un pañuelo del bolsillo, coloqué ambos cabellos con cuidado sobre él y lo doblé para envolverlos.
—No hagas tantas preguntas —dije con calma, tendiéndoselo—. Solo manda hacer una prueba de ADN con estos dos cabellos.
Mi representante se quedó mirando el pañuelo que tenía en la palma de la mano y frunció el ceño, confundido.
—¿Eh? —murmuró; era evidente que quería hacer una docena de preguntas a la vez. Pero, cuando alzó la mirada hacia mi cara, algo en mi expresión lo hizo detenerse. Tragó saliva, asintió una vez y se enderezó—. Está bien —dijo con cautela—. Mandaré hacer la prueba de ADN y te traeré los resultados.
—Bien. —Asentí con un destello juguetón en los ojos.
Se acercó a abrirme la puerta. Yo estaba a punto de entrar cuando alguien me agarró de la mano de repente. No me di la vuelta. Ya sabía quién era.
—Ah, buenos días, señorita Katherine —saludó mi representante. Se había puesto rígido y estaba a punto de increpar a quien me había agarrado, pero al verle la cara se detuvo, se aclaró la garganta e inclinó la cabeza con cortesía.
—Buenos días, señor Kim. ¿Cómo está? —preguntó Katherine con una sonrisa dulce, apretándome más la mano.

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