Entrar Via

Compláceme, Papi romance Capítulo 180

Grace

—De cualquier manera, todos los hombres son iguales. Cuando encuentran algo interesante, algo que los hace sentir bien, lo colman de atenciones, hacen que se sienta protegido y amado. Y cuando se cansan... Ese algo deja de significar nada para ellos. ¿Verdad, Grace?

Sus palabras me resonaban en los oídos mientras la miraba fijamente. Si hubiera sido la de antes, habría vacilado. Habría dudado de mí misma, de Apollo, de lo que sentía y me habría preguntado si ella tenía razón.

Me habría quedado callada, habría sonreído por cortesía y habría dejado que sus palabras se me metieran en la cabeza. Pero ya no era aquella Grace. Ya no iba a ser la mujer que se quedaba pensando en cada mirada, que dejaba que el miedo dictara sus emociones, que permitía que las opiniones ajenas determinaran su valor. Me había prometido que lucharía por lo que sentía en vez de huir de ello.

¿Y quién era Katherine para decidir cómo era o no era Apollo? No sabía nada de él. Nada de mí. Nada de lo que les costaba a dos personas que le tenían miedo al amor dar siquiera un paso para acercarse. No había visto cómo me miraba ni cómo suavizaba la voz al decir mi nombre. Juzgaba desde fuera e intentaba intimidarme.

No iba a permitírselo.

La miré con calma y sonreí con un tono de burla. Me encogí de hombros.

—No tengo idea de qué hablas, señorita Katherine.

Alzó un poco las cejas, sorprendida, antes de volver a sonreír.

—¿No?

—Claro que no. Y, además, señorita Katherine, ¿no crees que te estás tomando demasiadas libertades? —pregunté con desenfado y una sonrisa más amplia—. Hablas del jefe como si fuera un hombre cualquiera.

Le tembló la sonrisa.

—Y no necesitas saber cómo es cuando le interesa una mujer. Ni si trata a alguien como un juguete o no.

—¿Qué? —preguntó, tomada por sorpresa.

Me recosté un poco en el asiento, muy tranquila.

—No olvides que es tu jefe. Y eso es lo que siempre será para ti. Tu jefe. Nada más.

Por primera vez desde que se sentó a mi lado, Katherine perdió la compostura. Aquella sonrisa astuta que le salía con tanta facilidad se tensó; ya no parecía divertida ni segura de sí misma. Y, al ver cómo perdía esa seguridad, tuve algo muy claro.

No esperaba que le plantara cara. Katherine suspiró con burla y desprecio.

—Hablas como si contigo pudiera ser algo más, señorita Grace. ¿No te estás adelantando? —preguntó, entornando los ojos—. Te estás haciendo ilusiones.

La miré un momento y luego volví la vista hacia Apollo. Me crucé de brazos y hablé con calma, sin la menor vacilación.

—Quién sabe si me estoy haciendo ilusiones o no —dije—. Pero creo que eso no es asunto tuyo.

Hice una pausa y añadí con seguridad:

—Y tienes razón en una cosa. Cuando Apollo se enamora, muestra una faceta que nadie ha visto jamás.

En ese momento, Apollo me miró a los ojos. Le sonreí y se quedó inmóvil un segundo. Después miré con intención el café que tenía en la mesa, frente a él, y murmuré casi sin pensarlo:

—Deshazte de eso, mi vida.

El apelativo se me escapó antes de que pudiera contenerme.

Apollo se quedó atónito. Tardó en reaccionar, como si repasara lo que acababa de escuchar. Luego dejó de fruncir el ceño y sonrió un poco, divertido. Bajó la mirada al café con evidente disgusto, lo tomó y se lo pasó a Theodore.

—Bébaselo —dijo con sequedad.

Theodore parpadeó y señaló su propia taza.

—Ya tengo uno.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Compláceme, Papi