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Compláceme, Papi romance Capítulo 173

Grace

—Señor Reed, ¿sería tan amable de dejar que Grace se quede en su casa hasta que termine la remodelación? —La voz de Eleanor resonó en el comedor.

No. Puede. Ser.

Por poco grito mientras Eleanor y Wyatt se volvían despacio hacia Apollo, a la espera de su respuesta. Hasta los gemelos, que no entendían lo que pasaba, imitaron a sus padres. Lo miraban con los ojos muy abiertos, llenos de curiosidad, e inclinaban sus cuerpecitos hacia delante, expectantes.

Me quedé mirando a Eleanor, incapaz de asimilar lo que acababa de decir. Antes de que pudiera darme cuenta, la cuchara se me resbaló de los dedos y cayó sobre la mesa con un fuerte repiqueteo.

¿Qué acababa de pasar? ¿De verdad le había pedido eso?

Eleanor siempre estuvo un poco loca, pero no me esperaba aquello. Era una locura de otro nivel.

Debí darme cuenta de que tramaba algo. El brillo divertido de sus ojos, esa sonrisa cómplice; todo eran señales. Debí verlo venir. Pero no podía creer que se atreviera a pedirle a Apollo que me dejara quedarme con él. En la misma casa.

¿Intentaba matarme o disfrutaba viendo cómo mi vida se salía de control? ¿En qué demonios estaba pensando?

Apollo no parecía de los que toleraban molestias, mucho menos que alguien invadiera su espacio personal.

Tragué saliva con un nudo en la garganta y giré la cabeza despacio hacia Apollo. Había dejado de comer. Sostenía el tenedor sin firmeza, olvidado, mientras me observaba. No me miraba con frialdad ni rechazo. Más bien, me estudiaba con una intensidad que me erizaba la piel.

Parecía estar analizando algo con mucho cuidado. Respiré hondo, dispuesta a hablar e inventar alguna excusa que desviara la conversación, pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, llamaron a la puerta. Todos nos volvimos al mismo tiempo.

—¡Yo abro! —exclamó Liana, que ya saltaba de la silla antes de que alguien pudiera detenerla. Corrió hacia la puerta y la abrió con su entusiasmo de siempre.

Era Austin. Se detuvo un momento y recorrió el comedor con su mirada aguda. Percibió la tensión del ambiente y por último miró a Apollo. Después inclinó un poco la cabeza, tan sereno y respetuoso como siempre.

—Disculpen la interrupción —dijo con calma, rompiendo el silencio—. Tengo que informarle algo al señor Reed.

Me levanté al verlo. Por un momento había olvidado que estaría afuera. Claro que sí, al fin y al cabo, era el chofer de Apollo. Como Apollo no manejaba, Austin lo había traído.

—Ah —dije, indicando el interior de la casa con la cabeza—. Por favor, pase.

Austin entró y cerró la puerta. Fue hacia Apollo con expresión profesional y dijo en voz baja:

—Señor, tengo algo que decirle.

Apollo no apartó la vista de mí al responder. Seguía mirándome a la cara cuando dijo:

—¿Qué sucede?

Austin se inclinó hacia él y le susurró algo al oído. No alcancé a escuchar las palabras, pero sí advertí el cambio en Apollo. De pronto dejó de mirarme con calidez y se puso sombrío.

—Entiendo —dijo con calma.

Austin se enderezó y retrocedió un paso. Fruncí un poco el ceño y empecé a inquietarme. Antes de poder contenerme, pregunté:

—¿Pasa algo malo?

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