Entrar Via

Compláceme, Papi romance Capítulo 117

Grace

—El equipo de relaciones públicas se encargará de la publicidad, mientras que nosotros manejaremos las ventas del día. ¿Te parece bien, Aiden?

Sarah, la jefa del departamento de ventas y sin duda una de las mujeres más bellas que había conocido, hablaba con un aplomo impecable. La recordaba de la fiesta de bienvenida, donde sonreía como si fuera la dueña del lugar.

Aiden asintió con un gesto sereno y profesional.

—Mucho mejor. Nos ahorrará tiempo.

Los dos continuaron la conversación al frente de la sala de juntas, mientras los demás estábamos sentados atrás, tomando notas o fingiendo hacerlo.

Yo estaba sentada a unos asientos de distancia, cerca de la ventana, con una pequeña libreta abierta frente a mí. Garabateaba sin pensar en la hoja.

Tres días.

Habían pasado tres días desde que Apollo salió del país.

Era curioso cómo el tiempo se escapaba sin que me diera cuenta. Los días se confundían entre el café matutino, las charlas de oficina y las tardes con mis amigos y los gemelos; aun así, todo parecía apagado. Esos tres días pasaron como un borrón.

El trabajo no fue tan malo como había imaginado. Después de todo el incidente con Charles y de esa estúpida foto que anduvo circulando, esperaba murmullos, miradas de reojo y el veneno habitual de oficina. Pero no pasó nada. Claro, la gente aún chismeaba cuando creía que yo no escuchaba, pero nadie me confrontó ni me dijo nada. En vez de eso, apartaban la mirada cuando yo entraba y me dedicaban sonrisas demasiado amables cuando pasaba a su lado.

No tenía idea de qué les pasaba; tal vez solo se habían aburrido. No me importaba lo suficiente como para averiguarlo.

Eleanor y Wyatt debieron de haberlo notado, porque no dejaban de intentar animarme. Pero todavía faltaba algo, algo que me tironeaba por dentro cada vez que entraba a la empresa. Y sabía por qué. Sabía con exactitud qué era.

Solo que no quería admitirlo. Pestañeé y giré la cabeza hacia la ventana. La luz del sol se derramaba sobre el cristal e iluminaba el borde de mi reflejo.

“Extraño a Apollo”.

“Listo, ya lo dije. Al menos en mi cabeza”.

Extrañaba su voz tranquila, esa que de algún modo lograba acelerarme el pulso. Extrañaba la forma en que su mirada se demoraba un segundo de más, como si me desnudara con los ojos. Extrañaba su presencia exasperantemente serena. Extrañaba su tacto.

Dios, era una estupidez. Él era mi jefe. Era frío, controlador, desesperante, y aun así lo extrañaba.

Suspiré en silencio y apoyé el mentón en la mano mientras fingía anotar algo en la libreta, al tiempo que Sarah y Aiden continuaban con su intercambio.

Tres días no deberían sentirse tan largos. Tres días no deberían sentirse tan vacíos. Las palabras que Eleanor me había dicho esa mañana no dejaban de resonar en mi cabeza:

—¿En serio no sabes por qué estás de mal humor? Es muy fácil; se trata de tu atractivo jefe. Hasta Liana se dio cuenta; me preguntó si habías terminado con tu novio. ¡Lo extrañas! Y es la primera vez que te veo así. Ni siquiera extrañaste a Charles de esta manera cuando se fue de viaje todo un mes. ¿Quieres saber por qué? Porque puede que estés empezando a sentir cosas de verdad por Apollo.

¿Sentir algo por él?

Sacudí la cabeza y murmuré entre dientes:

—Eso es imposible.

¿Cómo demonios iba a sentir algo por él? ¿Por Apollo? ¿El hombre que aterrorizaba a todos con una sola mirada? ¿El hombre que la mitad del tiempo me volvía loca y la otra mitad me dejaba sin palabras? No. Jamás.

Volví a negarlo.

—No —me susurré con firmeza.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Compláceme, Papi