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Compláceme, Papi romance Capítulo 118

Grace

Miré a Piper fijamente y sonreí con burla. Su expresión engreída desapareció por un segundo antes de resoplar y apartar la mirada.

—Grace. —Aiden rompió la tensión—. No tienes que responder. Sigamos con la reunión.

No iba a dejar pasar esto.

Me volví hacia él.

—Ya que me mencionaron, me gustaría dar mi opinión. Es decir, si se me permite.

Sarah se reclinó en la silla, divertida.

—Adelante.

Aiden frunció el ceño.

—Sarah...

Ella no le hizo caso; tenía toda su atención puesta en mí.

—Tengo curiosidad. ¿Qué tienes en mente?

Todos en la sala se volvieron hacia mí. Sus miradas estaban llenas de curiosidad, escepticismo y esa misma diversión condescendiente a la que ya estaba tan acostumbrada. Casi podía escuchar lo que pensaban.

“Va a decir alguna tontería; volverá a ponerse en ridículo”.

Me enderecé en el asiento y sostuve cada mirada con calma. Esta vez no estaba nerviosa. Ya no era la pasante tímida a la que estaban acostumbrados a pisotear.

Tenía dos motivos para hablar. El primero era demostrar lo que valía, porque esa gente seguiría hablando a menos que les diera algo contundente con qué atragantarse. Y el segundo, porque quería que vieran que la decisión de Apollo de hacerme trabajar con él no fue un error.

Miré a Aiden y a Sarah.

—No creo que su método funcione.

Varios jadeos de asombro recorrieron la sala. Algunos intercambiaron miradas; otros arquearon las cejas. Sarah ladeó un poco la cabeza. Su expresión seguía siendo indescifrable, pero sus ojos brillaban con interés.

—¿Y por qué no funcionaría?

—Si deciden continuar con su plan —dije con el tono más respetuoso posible—, el primer error sería dejar que el equipo de relaciones públicas y el de ventas trabajen por separado.

—Ah, ¿sí? ¿Y eso por qué? —preguntó ella.

—Aunque son equipos completamente distintos, de algún modo están conectados. Trabajar por separado no ahorrará tiempo; solo complicará las cosas. Habrá momentos en que su equipo considere correcto un enfoque mientras que el equipo del señor Aiden lo considere equivocado. Ese tipo de inconsistencias causará conflictos innecesarios.

—Y respecto al evento —continué—, mencionó que reservarían el salón de eventos Light. Sin embargo, por lo que investigué, podría ser muy pequeño para la lista de invitados. Además tiene varios problemas; para ser sincera, arrastra cierta mala reputación. Vincular a la empresa con ese lugar, en especial después de la controversia reciente, podría resultar complicado. Una mejor opción sería el salón de eventos Horizon. Es más amplio, tiene el ambiente adecuado para nuestro público y su administración cuenta con una trayectoria excelente.

Para cuando terminé, me di cuenta de que había hablado sin parar, olvidando por completo dónde estaba y con quién estaba hablando.

El silencio se apoderó de la sala. Todas las miradas seguían fijas en mí. Sarah y Aiden se quedaron mirándome, ambos con expresiones indescifrables. Aiden fue el primero en reaccionar. Parpadeó, me miró con sorpresa y dijo:

—¿C-cómo sabes todo eso?

Solté una risita incómoda y me rasqué la nuca.

—Pensé que era algo básico para un agente de relaciones públicas.

El silencio volvió y duró lo suficiente para incomodarme. Entonces, para mi sorpresa, Sarah se volvió hacia Aiden, metió la mano en su bolso y sacó un dólar.

Aiden frunció el ceño, confundido.

—¿Para qué es eso?

Sarah sonrió con picardía.

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