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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 985

—¿Eh?

El cerebro de Mireya hizo cortocircuito.

¿Cómo que solo para pasar el rato?

—Mireya, apenas estamos en el primer semestre. ¿Qué prisa tienes? Igual y más adelante conoces a alguien más guapo —sugirió Cecilia, pensando que no valía la pena apresurarse en esos temas.

Ese tal Lucas estaba de muy buen ver, pero precisamente por eso era un imán de miradas.

Tan solo en el rato que habían estado juntos, ya se le habían acercado tres chavas diferentes a pedirle su WhatsApp.

¿Realmente Mireya podría lidiar con alguien así?

A menos que el muchacho cayera perdidamente enamorado de ella desde el primer instante, lo veía casi imposible.

Aunque, si ella quería intentarlo como un romance pasajero, tampoco iban a detenerla.

—Pues la verdad yo solo me fijé en que está bien guapo, a mí no me importa su dinero.

A Mireya empezaba a dolerle la cabeza.

Ya no estaba tan segura de si intentar salir con Lucas era buena idea o no.

Pero, bueno, ya tenía su contacto agregado en el celular.

Si Macarena le echaba la mano para crear alguna situación y, aun así, la chispa no se daba, simplemente dejaría las cosas por la paz.

Al ver que, a pesar de estar ilusionada, Mireya no perdía la razón, ni Cecilia ni Macarena insistieron en disuadirla.

Estella, por su lado, jamás en la vida se había interesado por temas de amoríos, por lo que le resultaba incomprensible la actitud de Mireya.

—¿De verdad no se te hace súper guapo? —Mireya no lograba comprender a su otra compañera.

¡Cómo era posible que no le gustaran los hombres atractivos!

—Pues está un poquito mejor que el promedio, pero ser guapo no te da de comer —replicó Estella, con un tono tan práctico que las dejó sin palabras.

La lógica de Estella a veces era demasiado aplastante.

—No te dará de comer, ¡pero sí que sirve de postre! —bromeó Mireya en su defensa.

Y enseguida le volteó la jugada a Estella:

—A ver, ya que dices que la belleza no da de comer, ¿en qué te vas a fijar tú para buscar pareja?

Y no se lo preguntó únicamente a ella, también aprovechó para hacérsela a Cecilia y a Macarena.

Macarena lo tenía bastante claro:

—¡Yo voy a buscar a un hombre que sea mucho más chingón que el futuro marido de Gina!

»Con que sea mejor que el tipo en el que ella se fije, me doy por bien servida.

Mencionarlo hizo que Macarena recordara algo que había pasado hace poco.

—Hace poco fue el cumpleaños de un amigo de mi abuelo. Es una familia de mucho dinero y tienen tres nietos que son la gran cosa.

»Me enteré de que Gina estuvo de encimosa con mi abuelo días antes de la fiesta para que la llevara, pero, por suerte, mi abuelo la mandó a volar.

»¡No saben el gusto que me dio! Mi abuelo planeaba llevarme, pero con todo el teatrito de Gina al final ya ni fui.

»Pero con tal de que ella se quedara con las ganas, valió la pena.

A Cecilia todo esto le empezó a sonar muy familiar. ¿No estarían hablando de la familia Ortega?

Después de todo, la actual generación de la familia Ortega tenía exactamente tres nietos varones.

¿Acaso Gina le había puesto el ojo a Valentín, a Damián o a Enzo?

Valentín y Damián ya eran un poco mayores. ¿Podría ser Enzo?

Pero Enzo tenía fama de mujeriego; ¿no le resultaría demasiado fácil de conseguir a alguien como Gina?

Cecilia prefirió guardarse el detalle de que ella era pariente de los Ortega.

Y cuando le tocó el turno de responder qué buscaba en un hombre, su respuesta fue muy simple:

—Yo elegiré al hombre del que me enamore.

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