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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 983

Cuando Mireya se enteró de que Cecilia no iba a regresar esa noche, sí se puso un poco triste.

Pero al saber que le había mandado comida y tener que bajar a recogerla, su tristeza desapareció en un instante y soltó una enorme sonrisa.

—¡Ay, Ceci, mil gracias! ¡Eres la mejor! ¡Te amo!

Cecilia no le prestó mucha atención al comentario. Ya estaba tan acostumbrada a sus palabras melosas que no le causaban ninguna novedad.

Mireya era una chica súper tierna, siempre tenía palabras dulces para todo.

El repartidor de la comida no tardó en llegar.

Mireya recibió las bolsas, volvió al cuarto y, al abrirlas, encontró cinco o seis recipientes, todos llenos hasta el tope.

Había sopa, carne, verduras, e incluso postres y fruta. Era un detalle maravilloso.

¡Comer algo así en la calle le habría salido carísimo!

Mireya estuvo a punto de llamarle a Cecilia para agradecerle en persona todo su amor.

Pero le dio miedo interrumpirla mientras pasaba tiempo con su familia.

Lo pensó dos veces y decidió no hacerlo.

¡Mejor aprovecharía el tiempo para disfrutar de ese festín!

De todas formas, Mireya no perdió la oportunidad y subió unas fotos a su cuenta de Instagram.

[¡Bendecida con la mejor roomie del mundo! [Foto], [Foto], [Foto].]

Los comentarios en su publicación se llenaron de pura envidia.

[¿Qué clase de roomie caída del cielo es esta? ¿Por qué a mí no me toca una así?]

[¿De qué restaurante es esa comida? Se ve súper elegante el empaque.]

[¿A poco así es la vida universitaria? Ya me arrepentí de no haber estudiado más.]

Macarena también dejó su comentario:

[¿Es de la casa de Ceci? Qué delicia.]

Era imposible que Mireya se acabara todo sola. Cuando Estella regresó al cuarto, le compartió más de la mitad de los postres y la fruta.

En cuanto a la comida fuerte, aunque Estella tenía ganas de probarla, ya no le cabía ni un bocado más.

Acordaron guardarla en el refri para calentarla en el microondas al día siguiente.

Cecilia era, literalmente, un ángel de roomie.

Al día siguiente, cuando Cecilia regresó, no solo traía un montón de fruta extra, sino también una crema para las cicatrices que era para Macarena.

Por su parte, al ver lo felices que se habían puesto todas con lo que llevó Cecilia, Macarena también decidió compartir algunas cosas.

¿Qué significaba esa risita al final?

Mireya preguntó en el grupo qué quería decir con eso, pero Macarena ya no le contestó.

Originalmente, el grupo de Cecilia tenía planeada una cena esa misma noche, pero como los horarios terminaron siendo un desastre, la cancelaron.

Esa salida de grupo se había pospuesto una y otra vez, al punto de que ahora estaba programada hasta después de las fiestas del Día de la Independencia.

Pero nadie se quejó.

Hacer una cena en esos días era imposible, todos tenían la cabeza en las vacaciones.

Era mejor dejarlo para cuando regresaran del puente festivo.

Después de esa comida, todos tendrían que enfocarse al cien por ciento en los estudios.

Para sorpresa de algunos, los instructores sí asistieron a la velada.

Se sentaron en primera fila para disfrutar de los números musicales.

Después de lo rudo que había estado el campamento, presenciar ese evento era una buena forma de relajarse.

El instructor jefe, Fabián, incluso subió al estrado para dar un discurso.

Básicamente, los motivó a seguir esforzándose en la escuela y a prepararse para ser profesionales de éxito que contribuyan a la sociedad.

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