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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 972

—Cecilia, la verdad es que eres impresionante —agregó el director, dejándole en claro lo sorprendido que estaba.

Cecilia volvió a negar con la cabeza.

—Es que empecé a estudiar desde que era muy pequeña.

El doctor Joel sabía perfectamente de lo que hablaba. A él también lo habían obligado en casa a estudiar medicina antigua y a reconocer hierbas medicinales desde los tres años.

Pero en ese entonces era muy chiquito y solo le interesaba jugar.

Cuando creció y de verdad quiso aprender, ya se le dificultaba demasiado.

No tuvo más remedio que inclinarse por la medicina convencional e irse a estudiar al extranjero.

Incluso recordó cómo, en su lecho de muerte, su abuelo había llorado amargamente diciéndole que la tradición médica de la familia se perdería con él.

En aquel momento, Joel se sintió lleno de remordimiento y culpa.

Sentía que la decadencia de la medicina ancestral era, en parte, responsabilidad suya.

Por eso, al convertirse en director de la facultad, se propuso impulsar esa rama a como diera lugar.

Sin embargo, los estudiantes actuales que se dedicaban a ella eran pocos, y su nivel dejaba mucho que desear.

Era difícil encontrar jóvenes con talento y, más aún, alguien que se sentara a estudiar con verdadera disciplina.

La mayoría no lo hacía por pasión, sino porque buscaba cualquier carrera para poder comer.

La aparición de una alumna como Cecilia le había dado demasiadas alegrías.

Joel hasta llegó a pensar que, si ella quería cambiarse de especialidad para enfocarse por completo en las prácticas tradicionales, la apoyaría cien por ciento.

A la universidad nunca le faltaban genios en medicina clínica, pero aquellos con un don para la medicina alternativa eran escasos.

¡Y ni hablar de la acupuntura!

—Vas por muy buen camino —dijo Joel, conmovido, sin saber muy bien qué más añadir.

Por su parte, el coordinador de Alan aprovechó la pausa para expresar su gratitud.

Le comentó que la mamá de Alan le había enviado unos regalos para darle las gracias, y se los entregó.

Cecilia aceptó las bolsas, pero enseguida se volteó y se las pasó a su propio consejero.

Al regresar al cuarto, Cecilia repartió todo con la gente. Obviamente, separó una porción para Estella, Mireya y Macarena González.

Sus tres amigas ya sabían que Fabián se la había llevado antes.

Cuando se enteraron de que ella había salvado al compañero que perdió el testículo, se sorprendieron, pero al mismo tiempo les pareció lógico.

Parecía que, tratándose de Cecilia, cualquier hazaña sonaba como lo más normal del mundo.

—De verdad me pregunto qué tienes dentro de la cabeza. ¡No manches! ¿Cómo le haces para ser tan lista? —preguntó Macarena.

—¿No decían que los cabezones son más inteligentes? —continuó Macarena, viéndose en un espejito y comprobando que ella estaba más cabezona que su amiga.

Cecilia se quedó sin palabras y le apartó la mano con suavidad.

—Llevo estudiando medicina desde que era una niña. Obviamente, mi caso es diferente al de alguien que apenas empieza en la universidad.

—Oye, sí es cierto. No nos has explicado cómo supo el instructor en jefe que sabías sobre esto —señaló Mireya, captando el detalle importante.

Al escuchar la duda de Mireya, tanto Macarena como Estella le prestaron total atención.

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