Mauricio expuso sus sospechas sin filtros.
Como el Profe Tovar no estaba al tanto de los temas de internet, no tuvo más remedio que preguntar:
—¿A ganar seguidores de qué hablas?
—Pues que quiere hacerse viral a costa del alumno herido.
—Ya sabe que la herida del chico de hoy está en un lugar… delicado.
—Si este asunto llega a internet, le va a llover atención masiva.
—No sé si llegó a verlo, pero su videíto salvando a ese chico con cubiertos ya la volvió tendencia. Todo el mundo anda buscando a «Lady Cubiertos».
—Si vuelve a armar su teatrito, ya la hace de influencer a tiempo completo.
—Y usted mejor que nadie sabe lo delicada que es la junta de hoy.
—Ya de por sí, que hubiera un accidente en el campamento de novatos nos va a traer críticas pesadas. Súmele la zona del golpe... si se sube a redes, esto va a ser una noticia escandalosa.
—¡Tenemos que cuidarnos de gente así, que usa la desgracia y a los médicos para buscar famita barata!
El discurso de Mauricio sonaba muy bien estructurado.
Pero, al Profe Tovar, la joven Cecilia no le daba vibras de ser esa clase de persona.
El director Frías estaba todavía más sacado de onda.
Cecilia había llegado con Fabián. ¿En serio alguien apadrinado por el capitán Carrasco se atrevería a armar un circo con el accidente del campamento?
Eso, sumado a las garantías que le había dado el doctor Benito, le impedían creer que Cecilia tuviera esas intenciones.
Sin embargo, lo que decía aquel alumno tampoco era un disparate.
Inconscientemente, el médico volteó a ver a la chica.
Cecilia soltó una sonrisa resignada.
—Suena súper convincente lo que dices, compañero, pero ¿en qué momento demostré que quería hacerme viral?
—Con las prisas, ni siquiera me traje el celular.
Mauricio se negaba a soltar el hueso.
—A ver, Mauro, ¿y con qué derecho decides si me quedo o me voy?
—¿Con tu pura boca o qué?
—¡Me llamo Mauricio! —le espetó él frunciendo el ceño e, instintivamente, buscó el apoyo de su profesor.
Lástima que al Profe Tovar le parecía que Mauricio estaba alucinando tonterías sin ninguna prueba y sus motivos no se sostenían por ningún lado. No tenía ninguna intención de abogar por él.
Por su parte, el director Frías opinaba que el muchacho era el único que estaba haciendo relajo a lo tonto.
—Joven, creo que no te he presentado bien la situación —le dijo Alexander—. Ella vino recomendada por el capitán Carrasco. El alumno tenía una hemorragia por herida punzocortante que no paraba, y fue ella la que intervino para detener el sangrado.
—Además, fui yo quien decidió meterla a esta junta médica. Tomaré en cuenta tus sospechas, pero por ahora no traes ni una sola prueba en mano.
—Si sigues dándole vueltas al asunto, Cecilia va a terminar demandándote por difamación.
Mauricio se atragantó. Esa sí no la veía venir. Bueno, ya le había quedado claro que su maestro no lo iba a defender, ¡pero ahora hasta el subdirector creía que la jovencita era la gran cosa!
¿Qué clase de influencias tenía? ¡¿Y qué se traía con el tal capitán Carrasco?!

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