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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 957

Cecilia suspiró con impotencia. Ser joven tenía sus desventajas.

Nadie le creía que de verdad fuera doctora certificada. Tenía una foto de su licencia en el celular, pero no lo traía consigo.

Fabián se dirigió al subdirector para asegurarle:

—No está mintiendo, yo puedo responder por ella.

Al contar con el respaldo de Fabián, a Alexander no le quedó de otra que aceptar.

Seguía sin creérselo del todo, así que Fabián se puso en contacto con el doctor Ramírez para que le explicara la situación al subdirector.

Tras enterarse de que Cecilia ya había asistido a Benito Ramírez en el pasado, el director Frías confió plenamente en sus habilidades.

Incluso si la chica no hubiera tenido su licencia, habría estado dispuesto a dejarla entrar al quirófano.

Por si fuera poco, el mismísimo doctor Ramírez le confirmó que sí contaba con su cédula profesional.

Y, en efecto, su maestro Rodrigo era una eminencia que trabajaba bajo el radar.

Pero hasta las eminencias anónimas tienen amigos.

Desde hacía mucho tiempo, Rodrigo la había llevado con sus contactos. Gracias a unas cartas de recomendación conjunta, Cecilia pudo presentar sus exámenes siendo muy joven y obtener su certificado.

Con el título en la mano, tanto Rodrigo como la señora Ruiz se llevaban a Cecilia a practicar en pacientes reales durante las vacaciones escolares.

Los únicos que no tenían ni idea eran Arturo Ortiz e Ivana, quienes siempre pensaron que la chica se la pasaba encerrada en el rancho con la señora Ruiz en sus ratos libres.

Como ella siempre entregaba impecables las tareas que le encargaban, a Ivana ni por asomo le cruzó por la cabeza sospechar nada.

Benito no estaba en el equipo de especialistas de esa junta; andaba demasiado ocupado con las cirugías en el Hospital San Gabriel y de plano no pudo zafarse.

No obstante, resultó que Cecilia sí conocía a uno de los expertos presentes.

Era el agradable profesor que había conocido en la escuela el otro día.

—Hola, señorita. ¿Qué haces por acá? —El Profe Tovar la vio antes de que Cecilia se diera cuenta de su llegada.

Al ver que tenía manchas de sangre en la ropa, pensó que estaba lastimada.

—¿Tú también saliste herida?

Cecilia se apresuró a negar con la cabeza:

—No, no. Es la sangre del herido.

¡Gente que usaba la medicina para buscar famita barata le daba asco a Mauricio!

Ya le caía mal, así que si encima andaba colándose en una junta de expertos solo para engordar su currículum o juntar material para ser influencer, ¡estaba dispuesto a desenmascararla!

Le importaba muy poco quién la estuviera apadrinando, ¡él no lo iba a permitir!

—¡Mauricio! —Lo frenó el Profe Tovar, antes de que el director Frías pudiera decir algo—. ¿Qué estupideces estás diciendo?

—Si dices que ella no tiene derecho a estar aquí, ¿qué hay de ti?

—¿Acaso no eres mi alumno?

—Si tú pudiste venir, ¿por qué ella no?

Mauricio no se esperaba esa puñalada por la espalda de su propio maestro.

¿Cómo le podía decir eso?

Él lo estaba acompañando a aprender, y estaba enfocado al cien por ciento en la medicina. No como ciertas personas, que usaban su tiempo en pura farándula.

—Profe, no me refería a eso. Es que, véala, no parece que venga como asistente de ningún médico. Más bien parece que solo vino a colgarse de la tragedia para ganar seguidores.

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