Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 951

—Gracias, Ceci.

Estella estaba muy conmovida.

Cecilia no solo no la menospreció, sino que le dio ideas y la animó.

—Si de verdad logro abrir una agencia de limpieza en el futuro, ¡te prometo una parte de las ganancias!

Cecilia agitó la mano en negación: —No, para nada. No quiero recibir dinero sin haber hecho ningún esfuerzo.

También deseaba que a Estella le fuera bien.

Estella no necesitaba la ayuda de otros, solo quería salir adelante por su propia cuenta.

Eso era bueno, mucho mejor que aquellos que buscaban tomar atajos.

—Ya que no te están molestando, me quedo más tranquila —pensó Cecilia. Si Viviana se enterara, seguramente también se preocuparía por Estella.

Estella sonrió con franqueza: —La razón por la que no les dije nada, era por miedo a que me vieran de menos.

—Perdón por preocuparlas.

Cecilia negó con la cabeza: —Te entiendo.

Solo que Estella no se imaginaba que, después de enterarse de que lavaba los tenis de Macarena, otras personas también buscarían su ayuda.

Cecilia ni siquiera se había ido cuando alguien ya estaba tocando a la puerta.

—Hola, escuché que lavas tenis, ¿es cierto?

—Yo también te pago, ¿podrías lavarme los míos de una vez?

Estella no esperaba que el negocio le llegara tan rápido a las manos.

—Yo... —Estella dudó. Ayudaba a Macarena porque compartían cuarto.

Pero esta persona era una desconocida, ¿estaría bien?

Estella tenía iniciativa, pero no tanta.

Instintivamente miró a Cecilia.

Cecilia intervino: —Claro, ella cobra veinte pesos por par, pero necesitas dejar la mitad de anticipo.

—¿Veinte? ¿Tan caro? —La chava pensó que máximo serían diez pesos por par.

—¡No hay problema! —pudo garantizarlo Estella—. Siempre y cuando no sean manchas imposibles de quitar.

—Mis tenis no son nada baratos, no me los vayas a echar a perder, si los arruinas me los pagas —advirtió la chava.

Cecilia señaló los tenis de Macarena: —¿Son más caros que estos?

La chava se quedó callada; claro que no. Esos costaban ocho mil pesos, y los suyos apenas unos dos o tres mil.

—No, la verdad no.

—Si pudo dejar estos así de bien, con los tuyos no habrá problema.

—Claro, sin contar los defectos de fábrica o el desgaste normal.

Estella también agregó: —Primero revisa bien tus tenis, y cuando te los entregue los vuelves a checar. Voy a grabar un video para tener pruebas.

Tenis de dos o tres mil pesos... Estella temía no poder pagarlos si algo pasaba.

No era como Macarena; aunque los tenis de ella costaran diez o veinte mil, si se arruinaban, se compraba otros y ya.

Pero Estella, siendo una chica de familia humilde, era muy buena lavando calzado. Alguien que no estrenaba zapatos en todo el año, sabía cuidarlos muy bien.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana