—No me digas que fuiste tú la que empezó a golpear —dijo.
Cecilia la miró con recelo.
¿Cómo iba a tolerar la princesita que le hablaran así?
—¡Fue ella la que abrió su bocota y me obligó a golpearla! —respondió Macarena, con voz débil.
No había ganado la pelea y eso la tenía de mal humor.
—¿La otra chica tiene heridas? —Cecilia dudaba que Macarena, con lo orgullosa que era, no hubiera dejado marcas en su oponente.
Macarena soltó un quejido y murmuró:
—Supongo que sí, no sé.
—O sea que sí. —Cecilia no tenía ganas de gastar saliva con ella.
—Pero, ¿y mi cara? ¿Crees que me quede cicatriz?
Macarena se tocó el rostro, muy desanimada.
—Ay, por favor. ¿De qué te preocupas? Tu familia tiene dinero, si es necesario, te pagas un buen tratamiento dermatológico después —comentó Mireya.
Mireya no lograba comprender la obsesión de Macarena por su apariencia.
—Tú no entiendes —dijo Macarena frunciendo el ceño—. Me da miedo que tantos procedimientos raros terminen arruinándome la cara a la larga.
«Bueno, la verdad es que no entiendo», pensó Mireya.
—Además, de este campamento no podemos salir —continuó Macarena—. Y para cuando termine, quién sabe cómo esté; no podré atenderme a tiempo.
—Yo tengo una pomada que te puede servir. —Cecilia lo pensó un segundo; Macarena sería la modelo perfecta para promocionarla.
Si a ella le funcionaba, sin duda le haría publicidad entre todas sus amigas de la alta sociedad, ¿y entonces qué problema habría para venderla?
—¿Qué pomada? —Macarena agarró a Cecilia del brazo—. Cecilia, si de verdad logras quitarme la cicatriz, ¡te deberé la vida!
Cecilia se zafó de su agarre y explicó:
—Aún no le pongo nombre oficial. Sigue en etapa de producción, pero ya hay varias personas probándola.
Con esa descripción, la esperanza de Macarena se desplomó.
—Cecilia, eso suena a que hiciste una mezcla rara en tu casa, no me da buena espina —dijo.
Aunque le caía muy bien su compañera de cuarto, no iba a jugar con su rostro.
Reconocía que Cecilia era una genio en los estudios, pero eso no significaba que fuera experta en todo.
Quizá solo querían calmar a los fans, o tal vez se había sometido a cirugía estética, pero al menos había esperanza de verlo de nuevo en las pantallas pronto.
Sin embargo, el caso de Valentina era distinto.
¿No se decía por ahí que se había quedado paralítica?
—¿Por qué habría de mentirles? —Cecilia guardó silencio al ver la incredulidad del grupo.
Macarena se apresuró a explicar:
—Ceci, no es que no confíe en ti, pero mi rostro es súper importante.
—No sabes, tengo una hermanastra súper manipuladora.
—Le encanta competir conmigo.
—Todo lo que yo tengo, ella lo quiere. Mi mayor orgullo es ser tan bonita, algo en lo que ella jamás podrá igualarme.
—Si me queda una cicatriz espantosa, ni me imagino cómo se va a burlar de mí.
Macarena estaba siendo completamente sincera.
No soportaba para nada a su hermanastra.

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