Después de enseñarles una vez, a los que seguían batallando, Cecilia les dijo que le echaran cabeza un rato y ella mejor se recostó para tomar una siesta.
Levantarse tan temprano pesaba, y si no echaba la flojera a mediodía, no iba a rendir con energía por la tarde.
Para cuando llegó el instructor a checar, ella ya estaba profundamente dormida.
Al ver cómo había dejado sus cosas acomodadas a un lado, el instructor hasta le echó flores:
—Miren, el trabajo de esta jovencita está muy bien, su cama quedó impecable. Y la de aquella otra muchacha de allá también pasa la prueba sin problemas.
Se refería a Martina.
—¿Así que alguien en este cuarto sí sabe hacer las camas? Bueno, ya que tienen quien les enseñe, vámonos a revisar el siguiente cuarto.
—Y por cierto, toda la botana y dulces que trajeron tienen que entregarla a la voz de ya. Vayan recogiéndola. Todo lo electrónico también va guardado. El celular pueden checarlo un ratito aquí adentro en el día, pero ni se les ocurra sacarlo a la zona de prácticas.
Con tanta cantaleta y reglas soltadas de golpe, a Cecilia se le espantó el sueño.
Decidió sacar el celular de una vez para revisar los mensajes del grupo.
Más que nada, quería ver si podía animar un poco a Macarena.
Seguro que la pobre andaba con la moral por los suelos después de que le llamaran la atención enfrente de todos y se echara de enemigas a sus compañeras.
Dicho y hecho, nomás abrió el chat y vio que Macarena andaba soltando toda la sopa de sus desgracias.
[Macarena: ¡Ahhhh, ya me quiero volver loca! ¿Por qué en este pinche campamento revisan los cuartos? Neta no le sé a esto de recoger].
[Mireya: Un abrazo, amiga, qué mala onda lo de la regañada. Pobrecita, ahora ya todos en el campamento saben quién eres].
[Estella: ¿Todavía no acabas de recoger tu desastre? Ahorita voy a tirarte esquina].
[Macarena: ¿En serio, Estella? Eres un amor, porfa ven a salvarme la vida].
Y, al parecer, Estella de verdad se lanzó a hacerle el quehacer de su espacio.
Pero el borlote se puso todavía peor después de eso.
Resulta que Macarena y Estella se agarraron del chongo con las roomies de Macarena ahí mero en su cuarto.
Bueno, siendo más precisos, fue Macarena la que se trompeó con una roomie que andaba de hocicona.
Estella solo había entrado al quite para tratar de separarlas.
Macarena mandó todo el chisme al grupo con santo y seña para desahogarse.
[Macarena: Mi querida Mireya, Ceci... yo creo que a Estella y a mí nos van a volver a reportar. Nos acabamos de pelear].
Mireya había comprado unos huevos duros desde antes y ahora se los llevaba a escondidas.
Cecilia se le quedó viendo de arriba abajo:
—¿A poco no te decomisaron tus chunches?
—Las escondí —se rio Mireya, poniéndose una pose misteriosa y cómplice.
Cecilia sintió genuina curiosidad por saber cómo le había hecho:
—¿Pues dónde las metiste para que los instructores no te las descubrieran?
—En mis calcetines —le susurró Mireya directamente al oído.
Cecilia se quedó sin palabras. «O sea que es botana con olor a patas... a ver si la fresita se la quiere empacar».
Mireya nomás le vio la cara de asco y ya sabía lo que estaba pensando, así que de volada intentó lavar su honor:
—¡No te creas, son calcetines nuevecitos de paquete, nunca me los he puesto en la vida!
—¡Si no me crees, yo misma le doy una mordida enfrente de ti!

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