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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 936

Cecilia era realmente hermosa. Sentada junto al jefe de grupo, hacían una muy bonita pareja.

—Me llamo Elías Acosta.

Al ver que Cecilia miraba al frente sin prestarle atención, Elías decidió presentarse sin rodeos.

—Ya lo sé. —Cecilia tenía una memoria excelente; era imposible que olvidara el nombre del jefe de grupo.

Elías no se sorprendió:

—Pero seguro no sabes que soy hijo de Santiago Acosta.

—¿El hijo de Santiago es tan joven? —preguntó Cecilia, sorprendida.

Al principio, Cecilia lo llamaba «doctor Acosta», pero conforme convivieron, él la trató como a una verdadera pupila, explicándole sin reservas todo lo que no entendía.

Por eso, de manera natural, Cecilia terminó llamándolo «profe Acosta».

Se llevaban tan bien, y aun así, ella nunca había escuchado que Santiago tuviera un hijo.

—Me tuvieron cuando ya eran mayores.

Santiago siempre estuvo enfocado en su trabajo; nunca le interesó mucho formar una familia.

Su esposa era su amiga de la infancia.

Se querían muchísimo. Ella era profesora en la universidad y, como ambos eran adictos al trabajo, no le prestaban mucha atención a su hijo, pero le exigían demasiado.

Elías rara vez recibía elogios de sus padres, porque siempre estaban rodeados de alumnos más brillantes que él.

Como Cecilia, por ejemplo, a quien su padre no paraba de mencionar durante el último año.

En realidad, Elías no planeaba inscribirse en la Universidad de Viento Claro.

Solo lo hizo porque Cecilia estaba ahí.

Quería ver con sus propios ojos qué clase de persona era ella como para ganarse tanta admiración por parte de su papá.

Al conocerla, su primera impresión fue que la chava era guapísima y tenía una tranquilidad inexplicable.

Sin embargo, sabía que su papá no era nada superficial; no la admiraría solo por su físico.

Un hombre como su padre prácticamente le había entregado su vida a la medicina.

Al ver a una mujer, solo analizaba su estructura ósea, pensando en qué partes de su cuerpo serían fáciles de operar o qué enfermedades podría desarrollar.

Prefería mil veces aprovechar el rato para dormir.

Además, el camino hacia la base no era corto, el autobús estaba bastante incómodo y el movimiento daba mucho sueño.

Por suerte, Elías captó la indirecta y dejó de molestarla.

Los demás compañeros iban en total silencio, cuidando sus propios asuntos.

Si el jefe de grupo y la cerebrito de la clase ya no estaban hablando, ¿qué iban a platicar ellos?

Así es, en secreto todos le decían «cerebrito» a Cecilia.

Aunque casi no convivían con ella, todo el mundo sabía que tenía el mejor promedio del país.

La base de entrenamiento quedaba a unas dos horas de la Universidad de Viento Claro, pero con el tráfico, el viaje se alargó a tres horas exactas.

Habían salido a las ocho de la mañana y pasaban de las once cuando por fin llegaron.

El oficial instructor ya los estaba esperando en la entrada de la base.

El lugar tenía un clima fresco y unos paisajes increíbles; en cuanto los estudiantes bajaron del autobús después de horas de encierro, sintieron que volvían a respirar.

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