Al ver a Cecilia, no pudo contenerse y la llamó:
—¿Cecilia?
Cecilia reconoció al profesor de inmediato y se acercó a saludarlos:
—Profesor Maldonado, profesor Ortega.
Mariano Maldonado le dio una palmada amistosa en el hombro, con mucha confianza:
—Muchacha terca, ¿así que de plano nos despreciaste a los de Matemáticas?
—Así es, ya estoy completamente decidida por Medicina —respondió Cecilia, demostrando una total firmeza sobre su carrera.
Mariano dejó escapar un suspiro de lástima.
La mirada de Valentín, por otro lado, se detuvo fijamente sobre Ignacio:
—¿Qué está pasando aquí?
Su tono de voz era gélido y sus ojos lucían afilados.
Aunque Ignacio no solía acobardarse frente a los maestros, sintió un miedo inexplicable ante la imponente presencia de aquel profesor.
—Profesor Ortega, por favor no vaya a malinterpretar las cosas, no está pasando nada malo —se apresuró a explicar Cecilia.
Estaba aterrada de que Valentín fuera a soltar toda su intimidante actitud sobre el chico.
Ignacio captó la situación de inmediato:
—Profesor, le juro que no estoy acosando a su alumna ni mucho menos, solo vine a darle las gracias.
Rápidamente procedió a explicarle cómo Cecilia le había salvado la vida a su madre el día anterior.
La expresión de Valentín se suavizó un poco tras escuchar la historia:
—Ya veo, entonces los dejo seguir platicando.
No tenía por qué meterse en las amistades de su prima.
Sin embargo, ¿eso de que había salvado a alguien de verdad se había difundido en internet?
Valentín se alejó para marcarle por teléfono a Enzo y pedirle que estuviera al pendiente de las tendencias en redes sociales.
Si por casualidad llegaba a surgir algún chisme dañino en contra de Cecilia, debía aplastarlo de raíz.
Después de todo, el equipo de relaciones públicas de la familia Ortega no estaba de adorno.
No fue hasta que Valentín colgó la llamada que Mariano se le quedó viendo, totalmente desconcertado:
—Oye, Valentín, ¿no se te hace que eres demasiado blando con esta Cecilia?
Durante el campamento de invierno a todos los tratabas igualito, y ahorita hasta pusiste a tu familia a ayudarla para controlar a los medios.
Yo digo que ayudar a alguien es una buena acción, no tendría por qué haber ningún problema.
Valentín lo miró:
A diferencia de Luciana, que sentía una verdadera pasión por los números.
—No fue que lo ocultara a propósito, simplemente estábamos en medio del proceso de selección del campamento de invierno y lo más prudente era pintar nuestra raya.
Como Cecilia tenía un gran nivel, Valentín no quería que las malas lenguas anduvieran diciendo que avanzaba por pura palanca.
Además, él y Cecilia apenas se habían reconocido a mitad del campamento, por lo que no veía caso en explicarle todos los detalles a Mariano.
—Hiciste bien, la verdad. Pero sigo sin entender: si es tu prima, ¿por qué no te la jalaste para nuestra facultad?
Mariano seguía sin comprenderlo.
—Ella tiene derecho a estudiar lo que se le dé la gana, no me toca andarme metiendo en su educación —para Valentín, las preferencias de Cecilia eran mucho más valiosas.
Ya había demasiada gente estudiando Matemáticas, no les haría falta una alumna más.
Aparte, como la extraña desaparición de su tía probablemente estaba relacionada con las matemáticas, en su fuero interno prefería que su prima se mantuviera alejada de esa carrera.
La familia Ortega no podría soportar que hubiera otra Luciana.
—Bueno, sí que son de mente abierta en tu familia.
Mariano ya no supo qué más argumentar.
Solo le quedó pensar que, si estuviera en el lugar de Valentín, sin duda alguna la hubiera convencido de elegir Matemáticas.
Ese era el extraño egocentrismo de los maestros de Ciencias Exactas, quienes creían firmemente que las matemáticas siempre serían superiores a cualquier campo como la medicina.

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