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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1870

Y al final, la aplicación encontraba una forma distinta de "saldar" sus cuentas.

Ya fuera obligándolos a cometer crímenes por los que terminaban en prisión o exigiéndoles pagar con sus propias vidas.

O dejándolos lisiados de por vida en choques planeados.

Pero todos y cada uno de ellos recibían un gran pago por parte de la plataforma: el cobro de una póliza de seguro de vida o accidentes que la misma empresa los había obligado a contratar.

Esta plataforma era experta en jugar con la desesperación humana.

Se aprovechaba de personas comunes que estaban acorraladas por la pobreza para llevar a cabo sus crímenes más repugnantes.

Al leer la montaña de informes que tenía sobre su escritorio, el Capitán Medina sentía un dolor agudo en el pecho por la furia.

No podía concebir que esa aplicación se hubiera convertido en un paraíso para el crimen organizado.

Incluso había múltiples personas que usaban la plataforma para contratar asesinatos por encargo.

¡Incluso habían creado un foro encriptado para facilitar las transacciones entre los clientes y los sicarios!

Por supuesto, no cualquiera podía acceder a ese foro. Los filtros de seguridad eran extremadamente rigurosos.

Solo ciertos individuos eran invitados, mientras que a los choferes comunes se les mantenía completamente al margen.

El Capitán Medina distribuyó copias de su investigación a los detectives de élite de todo el país que se habían unido al caso.

Tras leer los documentos, el silencio inundó la sala de juntas.

No había palabras para describir la magnitud del caso. El nivel de corrupción llegaba tan profundo que era imposible determinar qué papel exacto jugaba aquel poderoso pez gordo.

Si no contara con el respaldo absoluto de ese alto cargo, ¿se habría atrevido el cuñado a montar un imperio criminal tan descarado?

¿Acaso tendría las agallas para hacerlo por su cuenta?

Sin perder tiempo, el Capitán Medina comenzó a asignar las misiones.

Como Cristhian Lara aún no se recuperaba de sus heridas, no podía participar en el operativo. Pero el Departamento de Seguridad Especial había enviado a otros agentes de primera línea en su lugar.

Además, el propio Fabricio estaba supervisando la operación, colaborando con la policía para extirpar este cáncer de la sociedad de una vez por todas.

La aplicación de transporte no fue bloqueada de inmediato, ya que la policía la necesitaba activa para seguir rastreando las conexiones.

Hubo arrestos de personas que, en su vida diaria, parecían ciudadanos comunes y honestos. Sus propias familias no tenían ni idea de que habían contratado sicarios a través de internet.

Tras dos días de espera, por fin comenzaron las contracciones.

Justo antes de que los médicos la llevaran al quirófano, Jenny recibió el archivo de Cecilia y la llamó de inmediato.

—Mira quién habla —le reprochó Jenny entre respiraciones profundas—. ¿En qué andas metida? ¿Por qué parece que tú también estás en un hospital?

Sin darle tiempo a responder, Jenny llamó a su marido a gritos.

—¡Raúl, ven a ver esto! ¿Tu sobrina está en una habitación de hospital o estoy loca?

Al ver la pantalla, la ansiedad de Raúl por el inminente nacimiento de su hijo fue reemplazada de golpe por una profunda preocupación por Cecilia.

—Ceci, ¿qué diablos te pasó ahora?

Durante la cobertura mediática del accidente, las autoridades habían intervenido para suprimir cualquier mención o video en el que apareciera el rostro de Cecilia.

Así que, esta vez, ella no se había vuelto tendencia en las noticias.

El público seguía escandalizado por la brutalidad del choque múltiple, ajeno al hecho de que Cecilia había sido el objetivo principal.

Por esa razón, Raúl y su esposa no tenían la más mínima idea de que su sobrina había estado involucrada y ahora estaba internada.

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