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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1859

—Deberías ir a la casa, ¿qué tal si el tío Jonás está ahí?

—Mañana en la mañana no tienes clases, ¿verdad?

Isabella intentó persuadirla de nuevo, pero Dora fue tajante en su negativa.

Al ver que no lograba convencerla, el rostro de Isabella se ensombreció por un instante.

Dora, que justo la estaba mirando, sintió una punzada de extrañeza.

—Prima, no te vas a enojar porque no quiero ir a la casa, ¿verdad?

Cuando Isabella volvió a mirarla, su rostro ya mostraba de nuevo esa sonrisa dulce y comprensiva.

—Claro que no, solo me preocupaba que el tío llegara y se decepcionara al no verte.

Dora le restó importancia con un gesto.

—Para nada. Mi papá ya está acostumbrado a que yo no esté, igual que yo estoy acostumbrada a que él nunca esté.

¿Qué se suponía que debía responder Isabella a eso?

—¿Estás segura de que no quieres venir conmigo? El tío se pondría muy feliz si te viera en casa.

Fiel a su franqueza, Dora respondió:

—No. Mi papá solo tiene ojos para el trabajo, capaz y ni nota que estoy ahí.

Isabella insistió un rato más hasta que Dora perdió la paciencia.

—Prima, Ceci tiene que irse a estudiar y yo también.

Sin más opciones, Isabella no tuvo de otra que despedirse.

Cuando se separaron, Cecilia arrancó el auto y le preguntó a Dora:

—¿No habías dicho que querías estudiar en tu casa?

Cuando Cecilia había ido a buscar sus cosas, Dora también había ido a sus dormitorios por las suyas.

Pero acababa de decirle a su prima que iba de regreso a la escuela.

—Sí, te voy a pedir el favor de que me dejes en mi casa, o si quieres me bajo aquí y pido un taxi.

Dora se explicó:

—Es que la verdad no quería que mi prima me llevara.

No dio más detalles, pero Cecilia intuyó que Dora no se llevaba nada bien con su prima.

—No estoy segura...

Cecilia miró el mapa y supo que las cosas pintaban mal.

Más adelante había un tramo bastante complicado, con una intersección donde era muy fácil provocar un choque.

¿Acaso el auto de atrás solo la estaba siguiendo?

No, las personas dentro del vehículo estaban recibiendo órdenes en tiempo real. Al ver que Cecilia no tomó la ruta hacia la escuela, ajustaron su plan sobre la marcha.

Pero Cecilia no era de las que se quedaban de brazos cruzados, y rápidamente tomó el control de la situación.

Las intersecciones eran los puntos con mayor riesgo de accidentes debido al tráfico, pero Cecilia llevaba una velocidad impresionante.

Justo cuando el auto que la seguía aceleró como si no le importara morir con tal de alcanzarla, Cecilia dio un volantazo brusco.

Ya había analizado el terreno. El otro carril era un punto ciego, pero justo cuando giró, el auto que la perseguía pisó el acelerador a fondo.

Cecilia no tuvo más remedio que acelerar también. Para su mala suerte, en la calle transversal apareció de la nada un camión de carga pesada.

Cecilia ya no tenía tiempo de frenar, y el camión tampoco; ¡iban demasiado rápido!

¡Su única opción para evitar meterse debajo del camión era girar y estrellarse contra la barrera de contención!

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