Sara también tuvo que ser ingresada por una conmoción cerebral.
Aunque juraba sentirse de maravilla, Cecilia fue inflexible y ordenó que la dejaran en observación.
Cuando Samuel y los demás llegaron, encontraron a Cecilia acorralada por uno de los médicos, rascándose la cabeza con expresión de agotamiento.
—Le repito que el remedio lo hago yo misma. No tiene gran ciencia, es solo un extracto de hierbas.
El doctor se le había acercado con la intención de averiguar dónde vendían ese coagulante milagroso.
Jamás imaginó que la propia joven lo fabricara.
Estaba atónito.
—¿De verdad eres solo una estudiante?
Para crear un hemostático de esa calidad, mínimo debería tener un posgrado en biotecnología.
¿Acaso los jóvenes de ahora nacían siendo genios?
La mirada del doctor estaba cargada de escepticismo.
Cecilia respondió con total tranquilidad:
—Así es. Estudio desde que era niña, me especializo en medicina integrativa.
—Entonces, sobre este remedio... —el doctor se aclaró la garganta, un poco avergonzado.
—Le puedo dejar lo que queda en este frasco —ofreció Cecilia, entendiendo que el hombre solo tenía curiosidad científica y quería analizarlo.
A ella no le molestaba en absoluto.
De todos modos, la fórmula ya estaba en proceso de patente. Enzo Ortega se había asegurado de patentar cada medicina y cosmético que ella inventara.
—Se lo agradezco infinitamente, señorita Ortiz. Pero... ¿no ha considerado asociarse con nuestro hospital para producirlo a gran escala?
—Si lo fabricamos, podríamos salvar cientos de vidas civiles.
El médico tenía un buen corazón y de inmediato pensó en el bienestar público.
¿Cuántos frascos podía hacer ella sola a mano?
Si lo llevaban a una farmacéutica, estaría al alcance de todos y el hospital también tendría su beneficio. Era un trato perfecto.
—Lo lamento, pero ya firmé un acuerdo para que sea de uso exclusivo de las fuerzas armadas.
El doctor se sorprendió por un segundo, pero luego asintió con comprensión.
Era lógico. Un coagulante de ese nivel era oro puro para el ejército.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana