¿Qué pasaría si iba y ya no la dejaban regresar a casa?
En aquel entonces, el pánico se apoderó de Pamela.
Aunque quería mucho a Beto, la idea de aventurarse sola a un pueblo desconocido y supuestamente remoto la aterraba.
Ahora que lo recordaba, Pamela se sentía profundamente avergonzada.
—Lo siento mucho, en ese momento yo...
Por más que intentara explicarse, las palabras parecían insuficientes.
Pero Beto comprendía perfectamente los temores que ella y sus amigas habían tenido.
—No te preocupes. Lo importante es que ahora estás aquí y puedes ver con tus propios ojos lo maravilloso que es nuestro pueblo.
—¡Tienes razón! —Pamela se disculpó sinceramente por haber juzgado sin saber.
—Te prometo que elegiremos una fecha durante las vacaciones, ¡así que no te olvides de venir, joven líder! —Pamela no quería seguir quitándole tiempo a Cecilia.
Cecilia asintió con una cálida sonrisa.
Beto y Pamela se dirigieron hacia la casa de Raúl. Como la ceremonia principal ya había terminado, era el momento de encender los petardos y recibir oficialmente a los recién casados.
¡Eso también significaba que el banquete estaba a punto de comenzar!
¡Lo importante ahora era ir a disfrutar de la comida a lo grande!
Al ver a la joven pareja alejarse, Cecilia soltó una pequeña carcajada.
Desde que se había integrado por completo a la vida de Villa Ortiz, la idea de ver florecer un nuevo matrimonio en el pueblo le sacaba una sonrisa tierna y genuina.
—¿De qué te ríes? La abuela Lorena te está llamando.
Sin que ella lo notara, Agustín ya se había acercado a su lado.
Cecilia volvió a la realidad.
—Vamos, ya me dio un poco de hambre.
La familia de la tía Wilma había traído a unos excelentes cocineros para encargarse de la comida, así que el banquete prometía ser un verdadero manjar.
Fueron los mismos cocineros que prepararon el banquete cuando Cecilia obtuvo el primer lugar en su examen.
Al escucharla, Agustín, como siempre, se preocupó por ella.
—¿No quieres ir a cambiarte de ropa primero? ¿No tienes frío?
Cecilia llevaba puesto el traje ceremonial exclusivo de la joven líder, el cual había sido confeccionado a mano por las ancianas del pueblo.
Aunque la tela parecía gruesa y pesada, no abrigaba tanto como un buen abrigo moderno.


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