—¡Por qué siempre nos tenemos que topar con ustedes dos!
¡Eran como un mal espíritu, siempre aparecían en el peor momento!
Ahora que lo pensaba, la familia de esa tal Renata González se había forrado de dinero últimamente.
Quién sabe de qué palancas se habían agarrado.
Pero ahora andaba por la vida con unos aires de grandeza insoportables.
Josefina jaló a Cecilia del brazo y le susurró:
—¿No sientes que su actitud es de lo más detestable?
—Y extrañamente familiar.
Cecilia le echó un vistazo a Leticia Izaguirre, quien acababa de hablar; tenía toda la facha de una trepadora presumiendo lo que no era suyo.
Miró a Josefina con una sonrisa y le dijo:
—Claro que es detestable. Se parece muchísimo a ti en el pasado.
La sonrisa de Josefina se congeló en su rostro.
...
Parecía que sí, que antes ella era igual de insoportable.
Aunque la familia de su tío era la que realmente controlaba la empresa, ella no medía sus límites y siempre buscaba competir con Cecilia, quien en ese entonces era la mimada señorita Ortiz.
Ese golpe de realidad le dio una pequeña punzada en el pecho a Josefina.
Y también hizo que a Leticia, quien alcanzó a escuchar el comentario, se le oscureciera el rostro.
¿Qué significaba eso de que se parecía a la antigua Josefina? ¡Ella no era de esa clase de gente!
—Ceci, ¿cómo puedes decir cosas así de nosotras?
—Y encima llamaste detestable a Josefina.
—Antes ella solo quería jugar a llevarte la contraria, nunca hizo nada realmente malo.
—Era puros celos de niña chiquita.
—Mírense ahora, ¿acaso no se han vuelto las mejores amigas?
Renata González era muchísimo más astuta que Leticia.
¡Solo había que escuchar sus palabras, era una maestra para sembrar cizaña!
Cecilia y Josefina pensaron lo mismo al instante: ¡Qué descaro!
¿Acaso Renata se había ido a tomar un diplomado de manipulación? Cada vez era más venenosa.
Esto ya no era una simple mosquita muerta, ¡era el enjambre entero!
—¡Vaya que tienes talento para intentar amarrar navajas! —Cecilia la expuso sin rodeos.
La sonrisa en el rostro de Renata se petrificó.

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