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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1081

Muy bien, la primera visita a este restaurante fue un fracaso.

Empezaba a dudar de los gustos de su secretario y la novia de este.

—¿Qué te parece? —le preguntó Agustín a Cecilia.

Cecilia probó un par de platillos.

—Los postres no están mal, pero la comida no le llega ni a los talones a la de tu chef.

Seguramente la mayoría de esas cinco estrellas de calificación se las había dado la novia del secretario.

Los postres eran la debilidad de la mayoría de los clientes, y Cecilia no era la excepción.

—No volveremos a venir —sentenció Agustín, visiblemente decepcionado.

La verdad era que el sabor dejaba mucho que desear.

Para alguien común, tal vez sería una delicia.

Pero para quienes estaban acostumbrados a la buena comida, simplemente no daba el ancho.

—No pongas esa cara de fuchi, tómalo como una experiencia nueva. Además, el escenario de música en vivo es bastante original, y los cantantes son muy guapos —Cecilia seguía consolando a Agustín.

Al escucharla, Agustín empezó a sospechar que a su secretario lo que le había gustado era el escenario.

A su parecer, la comida del lugar merecía un tres de calificación, más un punto por la decoración y la música en vivo, sumaba apenas un cuatro.

Y no se equivocaba, al secretario y a su novia les había encantado la música.

A ambos les pareció que el ambiente era muy romántico.

¿Quién iba a saber que al señor Sandoval no le gustaría?

Después de comer, Agustín y Cecilia salieron a dar una vuelta antes de dirigirse a la casa de la familia Merino.

Llegaron a la residencia Merino a las tres de la tarde.

A esa hora ya no se trataba de si habían comido o no.

Aun así, Youssef mandó a prepararles una botana.

Ronan también estaba en casa, esperándolos.

Flora también se encontraba ahí.

Ella se había quedado en casa solo porque escuchó a su abuelo decir que Agustín traería a alguien para que lo revisara.

De lo contrario, ya habría regresado al laboratorio.

—Flora, sírveles algo de tomar a las visitas. —El anciano le dio la orden a su nieta.

Sintió mucha vergüenza por haber imaginado tantas cosas.

Después de saludar, ni siquiera se atrevía a mirar a Cecilia a la cara.

No es que le tuviera ganas al novio ajeno, solo había sido un malentendido.

—Muchacho, ayer saliste corriendo rapidísimo. Hoy te estuvimos esperando para comer, y terminas llegando hasta la tarde. ¿Qué pasa? ¿Acaso crees que la comida de la familia Merino no es tan buena como la de los Sandoval? —Youssef estaba bromeando.

—Don Youssef, está usted equivocado —respondió Agustín, aunque su expresión se mantuvo sumamente tranquila.

El tema quedó olvidado rápidamente.

Youssef los invitó a probar la bebida que había preparado, junto con unos postres caseros.

Agustín tomó un sorbo de su bebida y Cecilia probó un bocadillo.

Una vez que terminaron las cortesías, Cecilia se concentró en examinar las articulaciones del anciano.

La salud de Youssef era similar a la de Ezequiel, e incluso un poco más precaria.

Sus problemas de reumatismo y la extrema sensibilidad al frío en las piernas no se solucionaban ni siquiera usando silla de ruedas.

Seguramente, cuando el dolor atacaba, hasta le daban ganas de morirse.

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