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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1047

—Sí, estamos en el cuarto piso, ¿cómo supiste?

El cuarto piso era el Salón Luna de Plata.

Cecilia no respondió a su pregunta; solo le avisó a Enzo y bajó las escaleras.

—Buenas noches, disculpe, ¿usted es...?

Cecilia no se veía como una chica común y corriente.

Pero el guardia de seguridad tampoco dejaría pasar a nadie sin más.

—Es mi amiga.

Macarena se apresuró a salir para recibirla.

Al ver a Macarena, el guardia la reconoció.

Esa señorita González era una clienta frecuente de la Villa La Luna Plateada.

Por lo tanto, sonrió y la dejó pasar.

—Ceci, ¿por qué no me dijiste que venías a la Villa La Luna Plateada? Si no hubiera visto la transmisión oficial de CÉ, ni por enterada.

—Ahorita solo vine a cenar, ¿cómo iba a saber que este era el parque de diversiones de ustedes, los niños ricos?

¿Y cómo no iba a serlo?

La gente que venía ahí o era para asistir a banquetes o simplemente para divertirse a lo grande.

Era un lugar perfecto para comer, beber y pasar el rato.

—¿Cuáles niños ricos? En nuestro círculo, ¿cuántos hay como tú, que a tan corta edad ya tienen una fortuna de más de diez mil millones de pesos?

Desde que Macarena se enteró de que Cecilia era la hija de Luciana, la nieta reconocida públicamente por el mismísimo Esteban, y que además había heredado las acciones de su madre, la veía con mucho más respeto.

Ella, siendo la hija de una familia de dinero, ni siquiera juntaba diez millones de pesos propios.

¿Pero Cecilia?

Ella ya valía miles de millones.

—Las acciones las heredé de mi mamá, solo digamos que tuve demasiada suerte al nacer.

Cecilia evadió ese tema y le preguntó a Macarena de qué aprieto tenía que salvarla.

—Es que dije que eras mi compañera de cuarto y algunos no me creyeron.

—Unas amigas quieren comprar la crema para las cicatrices, pero no encuentran un proveedor confiable.

—Y yo les aseguré que podía conseguirles producto contigo, por eso te pedí que bajaras.

—La verdad, es que me moría de aburrimiento y quería invitarte a pasar el rato.

Sus intenciones de querer estar un paso por encima de ella en todo eran demasiado evidentes; cualquiera podía notarlo.

Si todo el mundo se daba cuenta de eso, por muy buena que fuera, nadie la iba a respetar solo por tratar de ser mejor que ella.

Solo que, en ese círculo de la alta sociedad a nadie le sorprendían esas cosas, por eso nadie le ponía un alto.

—La verdad, sí hay algo en lo que le gano.

Macarena mencionó que ella había logrado entrar a la Universidad de Viento Claro, mientras que Gina no.

Esa era de las pocas cosas en las que la había superado de verdad.

Por supuesto, también estaba su cara.

Gina definitivamente no era tan bonita como ella.

—Vamos. Esa que se nos queda viendo es tu prima, ¿verdad?

Cecilia ya la había localizado.

Lo supo porque la chica no le quitaba los ojos de encima a Macarena y, además, a ella la estaba barriendo con una mirada muy analítica.

Estaba segura de que solo esa prima actuaría de manera tan pesada.

—Maca, ¿esta es la amiga de la que hablabas?

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