—Frente a toda esta gente, sería mejor que Sabrina saliera a dar una explicación.
Una chispa de enojo brilló en los ojos de Jorge.
—¿Explicar qué?
—¿Acaso no fui lo bastante claro?
Él solo quería echar a Cecilia de allí lo más rápido posible.
Por desgracia para él, Sabrina ya había escuchado el alboroto y salió.
De todos modos, ella iba a salir a recibir a los invitados.
Al fin y al cabo, además de los compañeros de la universidad, hoy también asistían familiares, amigos y varios contactos de negocios de la familia.
La madre de Sabrina salió acompañándola.
La señora estaba ahí para recibir a las amistades adultas y la verdad no le interesaba meterse en asuntos de jóvenes.
Sin embargo, que alguien hiciera un escándalo en la fiesta de cumpleaños de su hija no le hizo ninguna gracia.
—Sabrina, ve a checar qué está pasando. Diles que entren de una vez, que no se queden estorbando en la entrada.
—¿Qué van a pensar los amigos de tu abuelo y de tu papá si llegan y ven esto? Qué vergüenza.
Ya con la orden de su madre, por supuesto que Sabrina no iba a quedarse de brazos cruzados.
Se acercó apresurada. Al ver a Cecilia frunció el ceño por un segundo, pero de inmediato relajó la expresión.
—Jorge, ¿qué pasó?
—¡No es nada, Sabrina! Tú mejor atiende a Julia, a Wendy y a los demás.
—Déjame esto a mí, yo me encargo. —Jorge no quería arruinarle el humor a la cumpleañera.
Pero, llegados a este punto, era imposible que Sabrina no interviniera.
Miró hacia Cecilia:
—Cecilia, tú también viniste, ¿por qué no entras?
Los demás se miraron entre sí al escuchar a Sabrina e incluso empezaron a murmurar.
Pensó que a Cecilia tampoco le importaría el chisme.
¿Quién iba a imaginar que la buscaría hasta Villa La Luna Plateada para exigirle una explicación en su cara?
Qué actitud tan infantil y rencorosa.
—Cecilia, no importa quién rechazó a quién. Los invitados son bienvenidos, así que no nos quedemos plantadas aquí. Mejor pasen.
Sabrina intentó cambiar de tema para salirse por la tangente.
¿Pero cómo iba a permitírselo Cecilia?
—Creo que es mejor dejar las cosas claras. Después de todo, yo no venía a tu fiesta de cumpleaños.
—Simplemente iba pasando por aquí cuando estos de aquí me interceptaron y me acusaron de haberte rogado por una invitación y de venir de gorrona, arrastrándome sin una gota de dignidad.
—Si no les aclaras la verdad ahora mismo, a saber qué nuevos inventos correrán cuando volvamos a la universidad.
En un principio, Cecilia no tenía intenciones de dar explicaciones, pero ya que el destino los había juntado en la entrada, las cosas cambiaban.
Tampoco era una persona dejada de la que cualquiera pudiera burlarse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana