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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1029

—Tampoco te pases, Sabrina tiene un montón de fans.

Así era la universidad; las estudiantes bonitas y destacadas siempre iban a tener gente babeando por ellas y recibirían trato preferencial.

Pero luego Martina lo pensó bien: ¿acaso Cecilia no era igual de bonita?

Además, el hecho era que Sabrina había pasado una vergüenza y ya se había convertido en el chisme de todos.

Lo que Cecilia no se imaginaba era que el asunto de haber bateado a Sabrina pronto se tergiversaría por completo a medida que corría la voz.

Quién sabe qué persona tan malintencionada había transformado la historia de “Cecilia rechazó a Sabrina” a “Cecilia rogó por ir a la fiesta y Sabrina la bateó”.

Ahora el rumor era que, como Cecilia se creía intocable por ser el primer lugar nacional de nuevo ingreso, había ido directamente a exigirle una invitación a Sabrina.

Y que Sabrina se la había negado en su cara.

Aunque a Cecilia le daban igual los chismes, que el rumor tomara ese rumbo sí le pareció una tremenda estupidez.

Incluso las tres compañeras de cuarto de Martina le preguntaron si era cierto que Cecilia le había pedido una invitación a Sabrina.

—¿A ustedes quién les dijo eso?

Martina estaba perpleja. ¡Hasta dónde había llegado el chisme!

—¿Acaso es mentira? Todo el mundo lo anda diciendo.

Era obvio que, en solo una tarde, el rumor se había salido por completo de control.

—¡No! Fue Sabrina quien invitó a Cecilia, pero ella le dijo que no tenía tiempo. —A Martina le hervía la sangre de la impotencia.

A Regina le parecía una historia totalmente absurda.

—No me vas a salir con que Cecilia fue la que rechazó a Sabrina, ¿o sí?

Esa versión no se la iba a tragar nadie.

—Pues así pasaron las cosas.

¿Quién le iba a creer?

—Ay, Marti. No tienes que inventar excusas para que tu amiga no quede mal.

Según ella, estaba más que claro quién era la mentirosa en esa historia.

—¡No estoy inventando nada! —Martina se dio cuenta de que, por más que intentara explicarlo, nadie le iba a hacer caso.

Todo porque la gente ya había decidido que Cecilia era la rechazada.

Martina salió del cuarto para buscar a su amiga.

En su propia habitación, Cecilia ya se había enterado de su propio chisme gracias a sus compañeras de cuarto.

Pensarían que solo lo decía para salvar la dignidad de Cecilia.

Así que era una causa perdida.

—Es normal que nadie lo crea. —Cecilia no perdió la calma en lo absoluto—. Simplemente todavía no tengo tanto peso en la universidad.

Las palabras de alguien poderoso siempre son la ley.

Martina y las demás se quedaron mudas al escuchar eso.

Si Cecilia no era de peso pesado, ¿entonces qué eran ellas?

Ellas eran unas don nadie en comparación con Cecilia.

Si les inventaran un chisme, ¿no tendrían más remedio que aguantarse?

—Oigan, la cafetería de la universidad tiene cámaras de seguridad, ¿verdad? —soltó Cecilia de la nada. No sonó tanto a pregunta, sino más bien como si estuviera pensando en voz alta.

Las otras chicas la escucharon perfectamente.

—Sí hay cámaras, pero dudo mucho que la escuela te deje revisar las grabaciones por una tontería como esta —opinó Martina.

Macarena, que era de las que defendían a sus amigas a muerte, no lo pensó dos veces.

—¿De verdad quieres ver las cámaras de la cafetería? ¡Yo le digo a alguien que te consiga el video!

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