—¡Mil gracias, Ceci!
Aurora se moría de ganas de abrazarla y plantarle un beso.
Cecilia se adelantó a su movimiento y la detuvo con las manos.
—Aurora, agradezco tu entusiasmo, pero ahórrate los besos.
Si Aurora hubiera tenido un globo de diálogo sobre su cabeza, seguramente diría: «¡Ceci ha rechazado tu beso!».
—Je, je. Tengo los labios muy suavecitos, ¿no quieres probar? —bromeó Aurora.
Al ver la cara de rotundo rechazo de Cecilia, Aurora quiso seguir molestándola un poco.
—¡Ni se te ocurra! —Cecilia hizo una cruz con los brazos de inmediato en señal de negativa.
A Enzo se le puso la piel de gallina al escucharlas.
—¡No digas tonterías, vas a ser una mala influencia para Ceci! —le reclamó él, haciendo una mueca de disgusto.
¡No se imaginaba que su prima fuera tan atrevida!
—Solo estaba jugando, ¿por qué se lo toman tan en serio? —se quejó ella.
Aurora hizo una mueca de aburrimiento.
Cecilia se fijó en sus labios rojos. —Oye, Aurora, ¿de qué marca es tu labial? ¿No tendrá algún químico tóxico?
Aurora rodó los ojos. —¡Esta muchacha no entiende de bromas!
Luego, volteó a ver a Enzo. Él era quien mejor entendía de esas cosas, ¿no?
Después de todo, era el que tenía más historial amoroso de todos sus primos.
—¿Por qué dices que no entiendo de bromas? —Cecilia alzó las manos con impotencia—. Solo expresaba una duda razonable. Si en nuestra empresa lanzamos labiales, ¡obviamente tendrán que ser seguros!
Enzo asintió. —Ya tengo pensado el nombre de nuestra marca. Se llamará CÉ. ¿Qué te parece?
Había tomado las dos primeras letras del nombre de Cecilia.
—¿De verdad tenías que usar mi nombre? —Cecilia se sintió repentinamente cohibida.
Pero, al recordar que ya existía otra marca que llevaba su nombre, decidió no darle tantas vueltas. Si a ellos les gustaba, ¡que así fuera!
Cecilia ya no discutió más el asunto. Lo siguiente era preparar el lanzamiento de la crema cicatrizante CÉ en el mercado.
El tema se volvió tendencia rápidamente en internet, sobre todo porque Valentina y Lorenzo la promocionaron desde sus cuentas oficiales.
Especialmente en el caso de Lorenzo; con una carrera tan exitosa, no tenía la más mínima necesidad de mancharse por dinero fácil.
Los curiosos investigaron a fondo quién estaba detrás de la compañía, pero lo único que encontraron fue un representante legal de apellido Ortega.
Y al parecer, nadie había escuchado ese nombre en su vida.
Pensaron que tampoco debía tratarse de alguien importante. ¿Quizás el verdadero dueño operaba desde las sombras y había puesto a su amante a dar la cara?
[¿Enzo? ¿Alguien lo conoce?]
[No conozco a ningún Enzo, pero tengo un profesor de matemáticas que se llama Valentín Ortega, llevan el mismo apellido].
[¡Ey, tú! Eres de la Universidad de Viento Claro, ¿verdad? ¿Estudiante del profe Ortega?]
[Nunca he escuchado hablar de Enzo, pero el director de nuestra empresa se llama Damián].
[A ver, ¿será que son tres hermanos?]
[Hablando del apellido Ortega, ¿alguien conoce a ese señor poderoso, Esteban Ortega? ¿De esa familia?]
[Pues a mí me interesa más el profe Ortega. Mírenlo, está guapísimo [Imagen], y dando clases tiene un porte increíble].

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