Parecía que la tal Sabrina se había colgado de su mérito.
Después de todo, Cecilia no se había dejado ver en todo el campamento de inducción para los de nuevo ingreso.
Sabrina Hernández había acaparado toda la fama de «la heroína», aprovechando incluso para presumir que venía de una familia de tradición en la medicina alternativa.
—Fue justo el día de las inscripciones —explicó ella.
Cecilia no tenía intención de dar detalles, pero Elías era muy astuto y de inmediato conectó los puntos con el incidente de los cubiertos.
Después de todo, él sabía que Cecilia era buenísima en medicina alternativa.
—¿Tú eres la chica que salvó a alguien usando un tenedor?
Cecilia no lo negó, por lo que Elías supo al instante que había sido ella.
—Pero ¿por qué todos andan diciendo que fue una estudiante de tercer año? —preguntó—.
¿No has aclarado las cosas?
—Da igual quién haya sido —dijo Cecilia encogiéndose de hombros—. No es como que yo ande buscando volverme famosa ni llamar la atención.
Elías lo pensó un momento y le pareció lógico.
Cecilia no tenía pinta de disfrutar de andar presumiendo.
—Con tantos charlatanes en redes sociales haciendo un circo, la verdad admiro que no hayas dicho nada.
Cecilia simplemente no comentó nada al respecto.
Para ella, eso no era gran cosa.
Los compañeros que estaban cerca y escucharon la conversación se quedaron boquiabiertos.
¡Resulta que Cecilia era la verdadera salvadora!
Y mientras la heroína auténtica pasaba desapercibida, los que se colgaban de su fama ya hasta eran influencers.
—¡No manches! Esa chica de tercero ahorita la está rompiendo con los seguidores. ¡Todo ese éxito debería ser tuyo, Cecilia!
—Pero si Cecilia no sale a desmentirlo, pues ni modo que no aprovechen el momento.
—Parece que Cecilia nada más vive para estudiar. Rara vez se le ve haciendo otra cosa.
—Ahí sí se equivocan —interrumpió un compañero—. Yo la he cachado viendo videos de coreografías en el cel.
¿Cecilia?
Ahora que todas andaban ocupadas, solo platicaban de vez en cuando por el chat.
La vida de Cecilia era la más ajetreada, aunque no precisamente la más divertida.
Los chismes de internet apenas si le afectaban.
Quienes sí se quedaron heladas fueron Regina y Carla, sus vecinas de los cuartos de al lado, al enterarse de que ella había sido la de los cubiertos.
—¿Cómo va a ser ella?
—Si ya se hizo famosa, ¿por qué no aprovecha para volverse influencer?
—A lo mejor porque no le falta dinero.
Regina y Carla habían estado observando a Cecilia. Aunque sus cosas no eran de lujo excesivo, se notaba que no andaba corta de lana.
Al sumarle la historia de que había sido la hija equivocada de una familia rica, ambas solo podían envidiar su buena suerte.
Porque, aunque viniera de una familia humilde, había tenido suerte. Cualquiera que fuera cambiada al nacer terminaba en un barrio pobre, pero ella, no; ella terminó siendo la princesa de una familia adinerada.
Incluso después de que la corrieron de esa casa de ricos, le quedaba su guardadito.
Seguro que había ahorrado una fortuna antes de irse.

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