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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1007

—¿Ignacio? —preguntó ella.

Cecilia se acordaba de él, principalmente por su mamá.

—¿Te acuerdas de mí? —Ignacio se notó un poco emocionado—.

—Cecilia, a mi mamá le encantaría invitarte a comer. Dice que tiene que agradecerte por haberle salvado la vida —dijo—.

El café también te lo compró ella.

Así que, por favor, acompáñanos a cenar.

—Ya les había dicho que no es necesario agradecer. No fue nada —respondió Cecilia con naturalidad.

—Para ti habrá sido un detalle mínimo, pero para nuestra familia realmente fue salvarnos la vida.

Si no quieres ir a comer con mi mamá, es muy capaz de venir a la escuela con mariachi y toda la cosa para darte las gracias...

Ignacio tenía una expresión de total impotencia al hablar de su mamá.

Su madre no era nada discreta, y a veces se pasaba de entusiasta.

Hacía cosas que nadie más entendía.

Como Ignacio tenía una personalidad más reservada, le costaba seguirle el ritmo a su mamá.

Ella se arrepentía muchísimo de no haber tenido una hija.

Por eso le interesaba tanto Cecilia. Primero, para agradecerle que la salvara, y segundo, porque seguro quería verla como la hija que nunca tuvo.

Claro, eso era lo que Ignacio sospechaba.

Lo que realmente tramaba, solo ella lo sabía.

—Hagamos esto: acepto el café como agradecimiento, pero no es necesario que vayamos a comer —dijo Cecilia, quien, sin más opción, estiró la mano y aceptó el café latte.

—Por mí no hay problema —dijo Ignacio—, pero me da miedo que la próxima vez mi mamá venga a buscarte en persona.

Se hizo un silencio incómodo por parte de Cecilia.

—... Aquella vez no estaba sola cuando ayudé a tu mamá. Mis compañeras de cuarto también ayudaron.

Si de verdad quiere agradecer, no puedo ir yo sola.

Esto era su plan B.

Ir sola implicaba aguantar toda la intensidad de la señora. Era mejor llevar refuerzos para que le hicieran el paro y no toda la atención cayera en ella.

Ignacio le pasó el reporte a su mamá.

Carmen pensaba que con la asistencia de Cecilia ya era ganancia, pero al enterarse de que irían tres chicas, casi brincaba de la emoción.

—¡Perfecto! Pregúntales a las niñas si tienen alguna alergia o algo que se les antoje mucho. Yo voy pidiendo la comida, ustedes vénganse directo saliendo de clases.

Ya con la invitación abierta, Cecilia mencionó un par de cosas que Macarena no comía; por lo demás, todo estaba bien.

El restaurante que Carmen eligió estaba bastante bien, era de los más caros cerca de la escuela.

Tenía un buen ambiente, muy tranquilo.

Ignacio se despidió de Cecilia y salió del salón.

—Hiciste bien en sugerir que fueran tus compañeras de cuarto —opinó Elías, que había escuchado toda la plática—. Si se topan con alguien raro, al menos se cuidan entre ustedes. Nunca salgas a solas con un desconocido.

Cecilia le aseguró que lo tomaría en cuenta.

—¿Por qué dijo que le salvaste la vida a su mamá? —preguntó Elías entonces—. ¿Cuándo hiciste eso?

Cecilia parpadeó, recordando a aquella Sabrina que se había hecho tan viral en internet hace poco.

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