Solo después de tener todo bajo control se sintieron tranquilas.
Pasaron cuatro días sin que Beatriz recibiera una llamada de Rubén.
De hecho, se enteraba del avance del funeral de la familia Tamez por las noticias que le llegaban ocasionalmente.
Ese día, una lluvia persistente caía sobre Solsepia. Beatriz estaba sentada en el sofá viendo las noticias.
Berta, a su lado, hojeaba un libro de paternidad.
Al escuchar el nombre de la familia Tamez de Maristela, levantó la vista hacia el televisor.
—Tu tío dice que el funeral del patriarca probablemente durará unos veinte días.
—¿Tanto tiempo? —preguntó Beatriz, sorprendida, mientras se acariciaba el vientre.
Una sombra de preocupación cruzó su rostro.
—Al fin y al cabo, era una figura muy importante. Solo el velorio podría durar una semana.
Beatriz suspiró levemente.
Berta, al oírla, dejó el libro a un lado y se sentó junto a ella para consolarla.
—El nacimiento y la muerte son los eventos más importantes de la vida. Rubén tampoco la debe estar pasando bien ahora. Por un lado, está atado por los asuntos del funeral, y por otro, tú estás a punto de dar a luz. Seguramente se le debe estar partiendo el corazón.
—Nadie quería que ambas cosas sucedieran al mismo tiempo, Bea. Intenta no agobiarte.
—No te preocupes, tía, no estoy pensando de más. Es solo que no estoy acostumbrada.
—¡Pero aquí estamos nosotras! —dijo Berta, tomando su mano y frotándola suavemente—. Antes de irse, Rubén nos dejó todo encargado. Si llega el día y él no está, haremos todo lo posible por cuidarte bien. Así que tranquila, ¿de acuerdo?
Beatriz miró a Berta y asintió levemente, con un agradecimiento que las palabras no podían expresar.
—Gracias, tía.
—Niña tonta, es nuestro deber como familia. Para mí, tú y Luciana son como mis propias hijas.
***
Casi al final de la semana 38 del embarazo, Rubén seguía sin poder liberarse.
Su única comunicación diaria era a través de WhatsApp.
—De acuerdo.
—¿Te enojaste?
—No, solo me da un poco de pena, pero lo entiendo.
—¡Bea, qué suerte tengo de tener una esposa como tú!
—No bromees —dijo Beatriz, sonriendo.
—Intentaré escaparme un día de estos para verte. Tomaré un jet privado por la noche para ir a Solsepia y regresaré por la mañana.
—Sería demasiado agotador para ti. Seguro que no has descansado nada últimamente. Aprovecha cualquier momento que tengas para dormir.
—Te extraño tanto que no puedo ni dormir —suspiró el señor Tamez, con resignación.
Beatriz, recostada en la cama, se sentía incómoda. Se acomodó las sábanas y estiró el brazo para alcanzar el control remoto de la mesita de noche y ajustar la altura de la cama.
Pero justo cuando extendió la mano…
Un sonido, como un "pop", vino de la parte inferior de su cuerpo…

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina