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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 930

Después de ir al baño, volvió a dormirse.

Cuando se despertó de nuevo, Liam ya había traído a la abuela.

Ahora mismo estaba en la cocina, vigilando a Valeria mientras preparaba el desayuno, y se le hacía agua la boca viendo la sopa de fideos con res que estaba en la olla.

—Qué suerte la tuya —dijo Valeria, riendo al verlo—. Este era el desayuno que pidió Vanesa anoche. Ahora que no está, te lo vas a comer tú.

—Si no, se desperdiciaría. Solo estoy ayudando a que se aproveche.

—En eso tienes razón —concedió Valeria—, pero no te lo puedo dar todo. A Luciana seguro que también le gusta.

—¡Lo sabía! Ya decía yo que no era tu favorito —resopló Liam.

—¡Es que eres hombre! Si fueras mujer, también te querría. De joven, siempre me encantaban las niñas de otras familias y soñaba con tener una, pero al final…

—…tuviste dos hijos —terminó Liam la frase por ella.

—¡Exacto! —suspiró Valeria, revolviendo los fideos con un utensilio de cocina.

—No te tocaba, así que ni le pienses. A estas alturas, mejor ponte a pensar en tener una nieta. Y antes de eso, ve a mover la tumba de tus ancestros, seguro que así funciona…

—¿Mover la tumba? —replicó Valeria, mirándolo mal—. ¿Por qué no mejor me dices que la dinamite?

—Si quieres, tampoco es mala idea.

—¡Anda, lárgate! Ve a ver si ya se levantaron.

Valeria lo echó de la cocina. Liam salió silbando hacia la casa principal y, justo al llegar a la puerta, vio a Luciana ayudando a Beatriz a bajar las escaleras.

—¿Tan temprano despiertas?

—No tanto, casi siempre me levanto a esta hora —respondió Beatriz, y luego añadió—: Oye, ¿es verdad que ayer te peleaste junto con Gaspar?

La brizna de hierba que Liam sostenía entre los labios cayó al suelo.

Al pensarlo, hasta extrañaba un poco a Cristian Salgado.

Definitivamente, tener contactos en el gobierno facilitaba mucho las cosas.

—¿El otro tipo era más fuerte que Gaspar?

—¡Pues no me atreví a preguntar! —dijo Liam, recogiendo la brizna de hierba y tirándola a la basura—. Al final, son sus asuntos personales.

Los tres entraron al comedor charlando y, poco después de sentarse, llegaron Edgar y Berta.

Era una rara ocasión que se reunieran todos en la Villa de la Montaña Esmeralda, y más raro aún que fuera para desayunar.

La casa se llenó de un bullicio poco común.

Después del desayuno, Edgar se fue temprano a su oficina, mientras que Berta y la abuela fueron al cuarto del bebé para revisar todo de nuevo y ver si faltaba algo.

También inspeccionaron la maleta del hospital de Beatriz y se familiarizaron con la ubicación de las cosas en la casa.

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