Entrar Via

Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 3

Emma salió de la clínica sintiendo que el suelo bajo sus pies era de cristal a punto de romperse. Estaba embarazada del hombre que la había humillado de la forma más ruin posible. Lloró durante todo el trayecto, sin saber siquiera cómo logró llegar a su casa, con la vista nublada por las lágrimas y el corazón latiendo con una pesadez insoportable. En cuanto cruzó el umbral, su madre la recibió con el rostro desencajado por la exaltación.

​—¿Dónde demonios estabas? —le gritó Angélica en cuanto la vio—. Han pasado horas desde que dijiste que venías en camino. Me tenías muerta de los nervios.

​Emma no pudo contenerse más y, entre sollozos cargados de vergüenza, bajó la mirada.

​—Terminé con Noah, mamá —confesó con la voz rota.

​Angélica se quedó helada, soltando un "¿pero qué?" lleno de incredulidad.

​—Lo encontré teniendo sexo con otra mujer en su oficina —continuó Emma, recuperando un poco de firmeza por la indignación—. No voy a tolerarlo. Es un maldito desgraciado y no quiero volver a saber nada de él en mi vida.

​El sonido del impacto fue seco y brutal. Emma sintió un dolor punzante en la mejilla mientras su rostro se ladeaba por la fuerza del golpe; su madre le había pegado. Se quedó pasmada, tocándose la piel caliente con las manos temblorosas, sin poder concebir que su propia madre la hubiera golpeado en medio de su dolor.

​—¡¿Cómo pudiste ser tan estúpida?! —le gritó Angélica, fuera de sí—. ¡¿Cómo se te ocurre dejarlo por una tontería así?!

​—¡¿Acaso no escuchaste?! —refutó Emma con las lágrimas desbordadas—. ¡Estaba revolcándose con otra sobre su propio escritorio!

​—¡¿Y eso qué?! —le espetó su madre con un desprecio que la dejó fría—. Es hombre, Emma, es lo que hacen. Si lo ves, te callas y te haces de la vista gorda. Pero no haces un escándalo, mucho menos cuando ese hombre es millonario y puede sacarnos de esta maldita miseria.

​Aunque vivían en una zona modesta de clase media, Noah se había convertido en el pilar que pagaba las cuentas, llenaba la despensa y cumplía cada capricho de Angélica, comportándose como un proveedor que no escatimaba en gastos para facilitarles la vida.

​—No puedo creerlo, mamá —logró decir Emma con asco—. No puedo creer que te importe más el maldito dinero que mi dignidad.

​El segundo golpe llegó de inmediato, haciendo que Emma trastabillara.

​—¡De la maldita dignidad no se come! —le gritó Angélica señalando la puerta—. ¡Ahora mismo te largas a buscarlo y no regresas hasta que te haya perdonado! ¡No puedo creer que tenga una hija tan idiota! ¡Fuera de mi casa!

​Los gritos atrajeron a la abuela de Emma, quien salió de su habitación exigiendo saber por qué tanto alboroto.

​—¡¿Pero qué sucede?! ¡¿Por qué gritas de esa manera?! —exigió la anciana.

​—¡Tu nieta rompió con Noah por una estupidez y ahora mismo tiene que ir a arreglarlo! —respondió con veneno.

​Emma, devastada, miró a su madre con una mezcla de odio y decepción.

​—No puedo creer que mi propia madre me haga esto —susurró.

​—Pues créelo. Y te lo advierto: si no regresas con él, no vuelvas por aquí —sentenció la mujer.

​—Entonces no esperes volver a verme jamás —respondió Emma con firmeza.

​Aunque la abuela intentó detenerla y calmar la situación, ambas mujeres se mantuvieron firmes. Emma salió de su hogar con el alma en pedazos, pagando una habitación de hotel esa noche porque no pensaba ceder a las exigencias de su madre. Lloró hasta quedarse sin fuerzas, sintiendo el peso del embarazo, la infidelidad de Noah y la humillación que le hizo su madre hundiéndose en sus pensamientos.

...

​A la mañana siguiente, en la oficina de Noah, el ambiente era gélido. Él revisaba unos documentos con total indiferencia cuando llamó a su secretaria para darle instrucciones precisas.

Un alma destrozada 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Atada a un Hombre Mayor