[¡Todos los que están hablando pestes me las van a pagar!]
[¡Ustedes no saben nada! ¡¿Con qué derecho me juzgan?!]
En su ataque de ira, la coartada de su cuenta falsa se fue a la basura. La respuesta fue inmediata: la expulsaron del grupo.
[¡Exijo una disculpa! ¡Discúlpense ahora mismo!]
El último mensaje rebotó. En la pantalla apareció un aviso frío: "Has sido eliminado de este chat".
Jimena empezó a golpear la pantalla con desesperación mientras gruesas lágrimas le empapaban el rostro.
¿Qué había hecho de malo? ¡Solo había luchado por la vida que merecía!
¡Todos en este mundo eran egoístas! ¡Todos buscaban su propio beneficio!
¡Ella era Jimena Sosa, la señora Jara! Esa misma bola de hipócritas que antes le rogaban favores y le besaban los pies, ahora mostraban sus verdaderos colores.
Dejó caer el teléfono en su regazo. Pasado el ataque de rabia, un pánico asfixiante se apoderó de ella.
¿Qué iba a hacer?
¿Cuál era su siguiente jugada?
Su única carta era la supuesta evidencia de que Enzo la había forzado. Pero eso era un farol de un solo uso. Si acorralaba a Enzo y él decidía ir hasta las últimas consecuencias, ella no tendría nada que mostrar, ¡porque él jamás la había tocado!
¡Si él descubría la verdad, ella estaba acabada!
Y por más que había rogado e implorado, Enzo ya era una pared de hielo.


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