Tras pronunciar esas palabras atropelladas, se puso de pie de un salto y salió a toda prisa. Con la urgencia de sus movimientos, golpeó la mesa y derramó su vaso de agua, pero ya no le importaba nada de eso.
Al escuchar que Mateo había desaparecido, el pánico inundó el rostro de Jimena. Corrió tras él para intentar calmarlo.
—Tranquilo, no pasa nada. Seguramente hizo una travesura y se escapó a jugar. Si lo buscamos bien, lo encontraremos. Vayamos a casa a preguntarle a Yolanda qué pasó exactamente.
Cuando Enzo y Jimena llegaron a la mansión, Viviana y Héctor ya estaban ahí, junto con una demacrada Valentina.
Los últimos días habían sido un infierno para Valentina. Justo acababa de gastarse una fortuna en un bolso de edición limitada cuando estalló el escándalo sobre el dinero de Gabriela. Ahora, Enzo le había cortado su asignación, y Viviana y Héctor también se negaban a darle un solo peso.
Aparte de esa habitación llena de bolsos y algunas joyas, se había quedado en la ruina.
Pasaba los días encerrada en casa, sin poder salir a ningún lado, aguantando las malas caras de sus padres.
Pero la desgracia no se limitaba solo a ella; toda la familia Jara estaba en crisis.
Viviana, que siempre había amado figurar en la alta sociedad, no había vuelto a asomar la cara desde el desastroso incidente en la academia de ajedrez. No necesitaba salir para saber que toda la ciudad se estaba burlando de ella a sus espaldas.
Héctor no se quedaba atrás con las preocupaciones. Sus esperanzas de ganar la Copa Maestra se habían desvanecido por completo; los inversionistas y patrocinadores lo presionaban día y noche, y apenas lograba mantener la cabeza a flote.
De la noche a la mañana, toda la familia Jara parecía estar sumida en una profunda desesperación.
Y para colmo, en el peor momento posible, su adorado Mateo había desaparecido.
Antes de siquiera cruzar el umbral de la puerta, Jimena vio a los miembros de la familia Jara reunidos en la sala, consumidos por la ansiedad. Su corazón dio un vuelco. Clavó la mirada en Yolanda y la recriminó.
—Yolanda, todavía ni siquiera estamos seguros de si Mateo salió a jugar o si de verdad desapareció. ¿Por qué llamaste a los padres del señor Jara por tu cuenta y los asustaste de esta manera?


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