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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 348

Enzo tenía la vista clavada en la pantalla de la tableta, observando las imágenes de las cámaras de seguridad. Eran poco más de las dos de la madrugada cuando Mateo, con una pequeña mochila en la espalda, salió de la casa llorando y sin mirar atrás.

Sus nudillos se pusieron blancos al apretar el dispositivo, y el ceño se le frunció en un gesto de absoluta consternación.

—¡Mateo es solo un niño! Se salió de la casa en plena madrugada, habiendo tres adultos bajo este mismo techo, ¿y ninguno se dio cuenta? —El rostro de Viviana era una máscara de reproche. Su mirada gélida recorrió a Jimena y a Yolanda antes de detenerse en la primera—. Jimena, cuando te casaste con Enzo, ¿qué nos dijiste? Prometiste que criarías a Mateo como si fuera tu propio hijo, que lo cuidarías. ¿Es así como lo cuidas?

Desde el desastroso incidente en la academia de ajedrez, la opinión que Viviana tenía sobre Jimena se había desplomado.

Para empezar, aquella vez que insistió en tocar el piano a pesar de su mediocridad. El resultado fue un error espantoso en público, produciendo un ruido escandaloso. Viviana aún podía recordar con humillante claridad las caras de incomodidad de las señoras del Círculo de Damas.

Quizás en ese momento no le dijeron nada a la cara, pero no dudaba ni un segundo de que la estaban despedazando a sus espaldas.

¡Era el colmo de la vergüenza! ¡La nuera de la famosa profesora de música, Viviana Yáñez, creando un alboroto acústico en público!

Si iba a hacer el ridículo de esa forma, habría sido mejor que no tocara nada.

Y luego estaba el hecho de que Jimena, sabiendo perfectamente que Gabriela era la directora del instituto de investigación, había preferido ocultarlo por mero egoísmo. ¡Lo peor de todo fue que lo hizo estando Gabriela presente, pavoneándose con mentiras descaradas!

Si no hubiera sido por el egoísmo de Jimena y todos esos actos de bajeza, Viviana no estaría ahora contra la espada y la pared.

Incluso cuando Valentina intentó defender a Jimena durante aquella cena en la casa familiar, la percepción de Viviana sobre ella apenas mejoró.

El contraste era simplemente brutal. Gabriela había soportado en silencio que le retuvieran los gastos de la casa durante siete años, llegando incluso a usar su propio dinero para mantener el hogar a flote.

Comparada con ella, la actitud de Jimena era de una mezquindad espantosa.

Aunque lo que Valentina había hecho con el dinero era imperdonable, por lo menos le había dejado cincuenta mil pesos a Jimena, una suma mucho mayor a la que recibía Gabriela. Además, Jimena no era ninguna desempleada; el sueldo que Enzo le pagaba en la empresa no era poca cosa. ¿Tanto le costaba adelantarle el salario a Yolanda temporalmente? Podría habérselo mencionado a Enzo después sin ningún problema.

Pero no, ella se aferró al dinero y obligó a Yolanda a pedírselo a Enzo en persona.

¡Se ponía a regatear por unas cuantas monedas!

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