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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 248

El interior del Restaurante Áureo exhibía una elegante mezcla de diseño tradicional con toques modernos. Al entrar, lo primero que atrapó la mirada de Gabriela fue un imponente piano de cola situado en el centro, reproduciendo una melodía de manera automática.

Las damas asistentes estaban dispersas por el salón, algunas sentadas y otras de pie, charlando animadamente al ritmo de la música clásica.

En el instante en que Isabel y Gabriela cruzaron la puerta, acapararon la atención de todas las presentes.

Era la primera vez que Isabel llegaba acompañada. La curiosidad invadió a las mujeres, y todas las miradas se clavaron como dagas sobre Gabriela.

Lucía García, siempre rápida para el chisme, fue la primera en lanzar el dardo.

—Señora Zúñiga, ¿quién es su acompañante? Qué raro, nunca la habíamos visto por aquí.

Apenas terminó de hablar, un murmullo de risitas ahogadas recorrió el salón.

En ese círculo social, sin importar si se llevaban bien o mal, todas conocían a las herederas y esposas de la alta sociedad. Sabían de memoria quién era quién.

Evidentemente, la joven que acompañaba a Isabel era una completa desconocida para ellas.

Para ser admitida en el Círculo de Damas, no bastaba con tener dinero; se requería pertenecer a una familia con linaje, cultura y prestigio en Puerto Serena.

Si no fuera porque el esposo de Isabel era íntimo amigo de Héctor Jara, y porque el difunto Maestro Olivera era una leyenda del ajedrez, una mujer con tan poca "alcurnia" como Isabel jamás habría sido aceptada en ese selecto grupo.

Claro, el desprecio que sentían por Isabel también estaba influenciado por Viviana. Isabel y Viviana no se soportaban, y la primera no dudaba en soltarle comentarios sarcásticos a la segunda. Siendo Viviana un pilar fundamental del Círculo de Damas y los Jara una de las familias más tradicionales de Puerto Serena, además de tener a un hijo tan exitoso como Enzo, las demás señoras le rendían pleitesía y, por extensión, hacían de Isabel su blanco de rechazo.

Si Isabel y su marido ya eran vistos como "nuevos ricos" por estas mujeres, la joven desconocida que la acompañaba debía ser, según ellas, alguien sacada de la nada.

Al escuchar el tono burlón de las risas, el rostro de Isabel se endureció.

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