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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 178

—Ah, así que el señor Salinas está esperando a su novia —dijo Daniel, sonriendo cortésmente.

Al decir esto, estaba de espaldas a Enzo, por lo que no notó la reacción que se estaba gestando en él.

La mirada de Rocco, oscura y cargada de provocación, pasó por encima del hombro de Daniel y se clavó directamente en Enzo.

Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Rocco, quien no pronunció palabra, y mucho menos negó el comentario.

Los ojos de Enzo se oscurecieron de golpe, desprendiendo una ráfaga de pura hostilidad.

Bajó los escalones a zancadas y enfrentó a Rocco cara a cara.

—Parece que al señor Salinas le encanta ser el amante escondido —soltó Enzo.

Al escucharlo, el rostro de Daniel palideció de terror. Miró a su amigo sin poder creer lo que había dicho.

—¡Enzo! ¿Qué locuras estás diciendo?

Luego se giró hacia Rocco, muriendo de vergüenza.

—Mis disculpas, señor Salinas. Mi amigo bebió demasiado.

Sin embargo, Rocco no parecía ofendido. Dio un paso al frente, acorralando a Enzo.

—Creo que tú eres el menos indicado para dar lecciones de moral en este momento.

El alcohol en las venas de Enzo magnificó su rabia al máximo. Sin pensarlo medio segundo, se lanzó sobre Rocco y lanzó un puñetazo directo a su cara.

Damián, al ver la agresión, frunció el ceño y se preparó para intervenir, pero Rocco lo detuvo en seco con una sola mirada fulminante. Damián se quedó paralizado en su sitio, sin saber qué hacer.

El puño de Enzo impactó de lleno y con brutalidad en la mandíbula de Rocco.

Al instante, un hilo de sangre comenzó a escurrir por la comisura de sus labios.

Gabriela, que acababa de salir del restaurante, presenció toda la escena.

—¡Estás loco! ¿Qué haces? —exclamó Daniel, aterrado por el descontrol de su amigo, apresurándose a sujetarlo por detrás.

Enzo ignoró por completo la fuerza de Daniel. Con los ojos inyectados en sangre, no apartaba la vista de su rival.

Rocco se limpió la sangre del labio con el dorso de la mano y levantó una ceja, un gesto que hizo que la sangre de Enzo hirviera aún más.

—¡Enzo Jara! —La voz gélida de Gabriela cortó el aire a sus espaldas.

El primero en reaccionar fue Daniel. No esperaba encontrarse a Gabriela allí, y menos en medio de semejante caos.

Aun sabiendo que no era el momento adecuado, no pudo evitar clavar sus ojos en ella.

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