Yolanda levantó la vista hacia Enzo y continuó hablando.
—Pero señor, si la señora ya está dando el primer paso, debería ceder usted también y hacer que vuelva pronto. Si no, el niño la va a extrañar demasiado, y yo... bueno, yo también la echo de menos para los quehaceres. Antes, la señora me ayudaba con todo en la casa. Entre las dos terminábamos mucho más rápido. Si ella estuviera aquí, usted, el niño y la señorita Jimena tendrían la cena lista en cuanto pusieran un pie en la casa.
Desde que la señora de la casa se había ido, Yolanda tenía que encargarse sola de todo: desde hacer las compras hasta preparar los ingredientes y cocinar. Varias veces había sentido que el tiempo no le alcanzaba.
Las palabras de Yolanda hicieron que Enzo recordara la imagen de Gabriela afanada en la cocina.
Cada vez que él entraba al comedor, la veía envuelta en el vapor de las ollas. Siempre tenía esa sonrisa serena y cálida en el rostro. Luego, con total elegancia, servía un festín en la mesa.
Hacía mucho tiempo que no la veía en esa cocina.
—Sí, lo entiendo —respondió, girando para mirar a Yolanda—. Iré a mi estudio. Avísame en cuanto llegue el paquete.
Sin decir más, comenzó a subir las escaleras hacia el segundo piso.
Yolanda cruzó los dedos deseando que Gabriela regresara pronto para aliviarle la carga de trabajo.
Ni por un segundo pensó que su forma de ver las cosas estuviera mal.
¿Cómo iban a comparar a la señora con la señorita Jimena? La señorita Jimena era una profesional, alguien que debía enfocarse en su carrera.
La señora, en cambio, era un ama de casa común y corriente. Su trabajo en esta vida era atender a su hijo y a su marido.
¡Y tener a un hombre tan exitoso como el señor Jara era una bendición por la que muchas mujeres matarían!
Estaba bien que hiciera su berrinche un par de días, pero si realmente se divorciaba... ¿de qué iba a vivir esa mujer sola?
Al llegar a la puerta de su propio estudio, Enzo estaba a punto de entrar cuando, de reojo, notó que la puerta de la habitación de enfrente estaba entreabierta.
Era el estudio de Gabriela. Últimamente se lo habían prestado a Jimena.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera