Cuando el profesor Aranda dijo eso, Gabriela soltó una carcajada.
¿Cómo no iba a saber la verdadera intención de su mentor?
Esa sensación de ser genuinamente valorada la llenó de calidez de pies a cabeza, disipando por completo el mal trago del altercado con Enzo y llenándola de una energía renovada.
En ese momento, Rocco Salinas pasó lentamente por detrás de ella. Sus ojos no se apartaron de la joven hasta que finalmente tomó asiento.
Aun así, Gabriela no le dedicó ni una sola mirada al apuesto hombre; toda su atención seguía concentrada en don Antonio.
Maestro y alumna hablaban en voz baja. A excepción de los que estaban sentados a su lado, nadie más en la sala podía escuchar su conversación.
La multitud solo veía que la joven que acababa de protagonizar un escándalo en la entrada ahora conversaba animadamente y entre risas con el mismísimo Antonio Aranda.
Era evidente que se conocían.
La curiosidad sobre la identidad de aquella hermosa mujer se apoderó de todos. Al recordar que Rocco había intervenido por ella en la puerta, muchos sacaron sus propias conclusiones.
¿Acaso era gracias a su conexión con el señor Salinas que esta chica tenía el privilegio de hablar con el gran académico?
Después de todo, la mayoría de los presentes apenas y podrían soñar con cruzar un par de palabras de cortesía con don Antonio.
A excepción de unos pocos magnates y figuras legendarias del sector, nadie allí tenía la oportunidad de dirigirse a él en privado.
Y sin embargo, esta joven no solo había llegado tarde, sino que había acaparado la atención del profesor desde el primer segundo. Lo más sorprendente era que ningún miembro del personal del instituto había intentado detenerla.
Para la élite corporativa presente, la única explicación lógica era que estaba usando sus influencias con Rocco.
Al final, pensaron muchos con envidia, las mujeres jóvenes y atractivas siempre tenían ventajas. Si te ganabas el favor de un hombre como el señor Salinas, se te abrían puertas que otros jamás podrían cruzar.
Una vez que Rocco se alejó, el ejecutivo de gafas y sus compañeros se acercaron a Enzo.
—Director Jara, ¿esa no es la mujer que siempre lo acosa? ¿Qué hace hablando con don Antonio? ¿Acaso lo conoce? —preguntó el hombre de gafas, sin ocultar su asombro.
Ellos, ejecutivos de alto rango, ni siquiera tenían el derecho de acercarse a saludar al profesor.
¿Qué no se suponía que esa mujer había entrado a trabajar en el equipo de limpieza?
Más allá de su presencia imponente, ¿cómo era posible que se codeara con don Antonio?
¡¿Quién demonios era ella?!
Jimena clavó su mirada en Gabriela. Al verla sonreír y charlar con tanta soltura, apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas.
*¿Por qué está pasando esto?*
*¿Por qué un hombre tan importante habla con alguien como Gabriela?*

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