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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 95

Vilma se sonrojó y guardó silencio.

El lujoso coche continuó su camino hacia el hospital.

Palmiro hizo otra llamada, evidentemente para dar instrucciones a un subordinado sobre cómo proceder, ya que él no podría llegar a tiempo.

Vilma estaba tan avergonzada que quería que la tierra se la tragara.

—Abogado Carmona, de verdad lamento haberle causado tantas molestias hoy.

—No es nada.

Al llegar al hospital, Palmiro estacionó el coche, se quitó el saco y se lo ofreció.

Vilma lo miró, sin aceptarlo. Su relación, a fin de cuentas, ni siquiera llegaba a ser de amistad; eran simplemente abogado y clienta. Y que una mujer usara la ropa de un hombre era un gesto más propio de una pareja. Aunque no lo fueran, ponérselo crearía una intimidad excesiva.

Palmiro, al verla inmóvil, frunció el ceño.

—¿No lo necesitas? —inclinó la barbilla hacia el exterior—. Hay mucha gente afuera.

Era la hora del almuerzo, y el ala de hospitalización estaba abarrotada de familiares que iban y venían, casi colapsando los elevadores.

Vilma, sonrojada hasta las orejas, entendió su buena intención y se sintió inmensamente agradecida.

—Gracias…

Tomó el saco de Palmiro. Aún conservaba su calor corporal y su aroma: una fragancia fresca y nítida, sofisticada y distinguida. Su corazón comenzó a latir más rápido. Sostuvo la prenda con torpeza, sintiendo que el calor de su rostro podría encender un fuego.

—Abogado Carmona, ¿podría bajar primero del coche? —le preguntó.

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