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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 55

Cuando Salvador terminó de hablar, Palmiro no respondió.

Su mente seguía siendo un caos. Esa sensación de incertidumbre, de que las cosas se le escapaban de las manos, era algo que nunca había experimentado en toda su brillante carrera en el mundo legal.

Salvador no pudo reprimir su curiosidad y volvió a preguntar con cautela:

—¿Tienes una foto del niño? Quiero ver cuánto se parece a Norberto. Con razón sospechabas que mi investigación estaba mal y creías que Norberto había dejado un hijo en este mundo.

Palmiro le lanzó una mirada fría y no le hizo caso.

—¡Eres un maldito temerario! Hasta a mí me metiste en esto, y yo que te consideraba mi mejor amigo —Palmiro todavía no podía aceptar la situación.

Salvador sabía a qué se refería. Se rascó la cabeza y balbuceó:

—Es que ya habías completado todo el proceso de donación y tu muestra era de excelente calidad. Me pareció una lástima destruirla. Con unos genes tan perfectos y sobresalientes, deberías dejar más descendencia, contribuir a mejorar la calidad general de la humanidad.

Palmiro no se tragó ni una palabra de ese discurso grandilocuente y resopló con frialdad:

—Si tan buenos son como dices, ¿por qué el niño tiene leucemia?

—Hay muchos factores que pueden causar una enfermedad en un niño, no necesariamente es un problema con tus genes.

En cualquier caso, Salvador estaba convencido de la alta calidad genética de su amigo.

El silencio volvió a reinar entre ellos. Palmiro miró la hora en su reloj, preparándose para irse.

—Aún no me has respondido —insistió Salvador—. ¿Qué piensas hacer? ¿Se lo vas a decir a los padres del niño?

—No es asunto tuyo.

Palmiro, resentido, lo dejó con la duda a propósito.

—Oye, oye… déjame recordarte algo. Puedes vigilar al niño discretamente, pero de ninguna manera puedes confrontar a los padres. Hay cuestiones legales y éticas de por medio, y tú como abogado seguro que…

Salvador se levantó y lo siguió mientras Palmiro se dirigía a la salida, pero antes de que pudiera terminar, Palmiro abrió la puerta y salió, cerrándola de un portazo.

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire.

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