Facundo se adelantó, bloqueándole el paso a Vilma.
—¿Necesitas algo? —preguntó ella con calma.
Facundo la miró fijamente y sus ojos se posaron en el deslumbrante diamante que llevaba en el dedo anular de la mano izquierda.
—¿Te casaste con él? —preguntó, levantando la vista con una expresión de asombro.
—Sí, nos casamos esta mañana —respondió Vilma con sinceridad, sin intención de ocultarlo.
Quería que él perdiera toda esperanza de una vez por todas.
Como esperaba, el rostro de Facundo se contrajo de dolor, como si hubiera recibido un golpe mortal. Hasta sus hombros se desplomaron.
Vilma lo miró por un segundo, no dijo nada y simplemente lo rodeó para seguir su camino.
—Vilma, mi papá se está muriendo. Quiere ver a Nereo. ¿Podrías llevar al niño al hospital conmigo? —le suplicó Facundo, dándose la vuelta para mirarla mientras se alejaba.
Vilma se detuvo y se giró.
—¿Tu papá no estaba en cuidados intensivos?
—Sí, pero el doctor dice que sufre de insuficiencia cardíaca. Aunque lo mantengan intubado, no hay esperanza de que se recupere. Solo es gastar dinero en vano.
Facundo estaba ahogado en deudas, ¿de dónde sacaría el dinero para mantener con vida a Jenaro Zurita? Y, pensándolo bien, incluso si tuviera el dinero, vivir así sería una tortura. Sería mejor dejarlo ir.
Vilma observó sus ojos enrojecidos y frunció el ceño.
No se atrevía a creer en las palabras de Facundo, temiendo que fuera otra trampa. Pero… ¿y si era verdad?
Aunque no sentía ningún afecto familiar por Jenaro, él sí había sido bueno con Nereo.
Al final, no pudo ser tan cruel como para negarle su última voluntad.
—¿Tu padre no sabe que Nereo es hijo de la familia Carmona? —preguntó Vilma de repente.
—No lo sabe. Ha estado en la UCI todo este tiempo, ¿quién iba a decirle algo así? —explicó Facundo con calma.

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