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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 360

Vilma tomó el certificado con una sonrisa y no pudo evitar susurrar:

—Espero no tener que volver nunca a este lugar.

—¿Qué dijiste? —preguntó Palmiro, girándose de repente al oírla.

—Nada —dijo ella, sin atreverse a repetirlo.

Pero Palmiro la siguió mirando y recalcó con mucha seriedad:

—Te lo dije: en mi mundo no existe el divorcio, solo la viudez. ¿Entiendes lo que significa?

—Entiendo… —Vilma frunció los labios, sin atreverse a contradecirlo.

Si cualquier otra persona le hubiera dicho eso, lo habría considerado una muestra de control extremo y posesivo, un secuestro egoísta del matrimonio. Pero saliendo de la boca de Palmiro, solo percibía una sinceridad abrumadora.

Él veía el matrimonio con una seriedad y solemnidad tan grandes que era capaz de hacer una promesa que sonaba casi como una amenaza.

Al pensar en Poncio y Manuela, que a pesar de sus canas seguían amándose y cuidándose mutuamente, un sentimiento de esperanza por su propio matrimonio con Palmiro la invadió.

***

De camino a la oficina de Vilma, Palmiro preguntó de repente:

—¿Quieres que invite a cenar a tus compañeros de trabajo?

—No —respondió Vilma sin dudarlo.

—Si no los invitas, ¿qué harás si empiezan los chismes cuando se te note el embarazo?

En realidad, a Palmiro tampoco le gustaba socializar con gente que no conocía; lo consideraba una pérdida de tiempo. Pero por proteger la reputación de Vilma, estaba dispuesto a sacrificar sus principios.

—La gente siempre va a hablar, que digan lo que quieran. Al final, es mi vida y lo importante es que yo sea feliz.

Palmiro asintió y, siguiendo el hilo de la conversación, preguntó:

—Entonces, ¿eres feliz ahora?

Ella se quedó helada por un momento y se giró para mirarlo.

Sus miradas se encontraron, pero ella frunció los labios y volvió a mirar hacia delante.

—No te voy a decir.

***

El coche llegó al edificio de la oficina. Antes de que Vilma bajara, Palmiro le recordó:

—Pasaré por ti en la noche, cuando salgas del trabajo.

—De acuerdo.

Vilma asintió y se dispuso a bajar, pero Palmiro la miraba fijamente.

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