Fue entonces cuando Uliana se enteró de que los reclusos también necesitaban gastar dinero extra dentro.
Sin dinero, los demás reclusos te menospreciaban e incluso te maltrataban.
No soportaba la idea de que su hijo sufriera, así que se apresuró a enviarles el dinero de la indemnización a padre e hijo.
Y así, se quedó sin nada otra vez.
Además, el escándalo la había hecho famosa en el vecindario y su reputación estaba por los suelos.
Cuando salía al parque, todos la señalaban y la insultaban con palabras muy duras.
Ya no podía encontrar ancianos a los que estafar, pero necesitaba dinero todos los días. Al final, su única opción fue esperar a que la suerte le sonriera, acudiendo al hospital donde Nereo había estado ingresado para ver si, por casualidad, se encontraba con Vilma.
Después de tres días de espera, finalmente la encontró.
Vilma, al ver su reacción y recordar la escena que había presenciado en la sala de su casa la última vez, comprendió rápidamente lo que había pasado.
Se atrevió a suponer: —¿No será que anduviste por ahí seduciendo a ancianos para sacarles dinero y sus familias te golpearon?
El rostro de Uliana se contrajo por la sorpresa, y su mirada se volvió aún más esquiva.
Vilma supo que había acertado.
La miró fijamente, con un desprecio y una aversión que no podía ocultar.
La poca compasión que había sentido por ella momentos antes se desvaneció por completo.
—Dime, ¿por qué hacer algo así? Incluso si te pusieras a lavar platos o a trabajar de mesera, podrías ganar tres o cuatro mil al mes y mantenerte.
Uliana replicó con rabia: —¿Soportarías lavar platos con este frío? Además, si no fuera por ti, una loba malagradecida que metió a tu padre y a tu hermano en la cárcel, ahora mismo yo sería la dueña de un restaurante. ¿Crees que habría llegado a esta situación?
Vilma esbozó una sonrisa fría. —No me eches la culpa de todo. Si el restaurante que tenían con sus socios fracasó, fue por su mala gestión, además de que los clausuraron por no cumplir con las normas de seguridad contra incendios. Les di doscientos mil en efectivo, ¿no fue suficiente muestra de generosidad?

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