—Verte así me quita el apetito —respondió Vilma sin rodeos.
Uliana entendió. —Me desprecias.
Luego, añadió con rabia: —Yo te crie, y ahora que has escalado socialmente, me desprecias. Eres una verdadera malagradecida.
Vilma no se defendió.
Era cierto que ahora despreciaba a Uliana.
Y sabía que Palmiro también lo hacía. Si ella comía, no sería justo dejar a Palmiro sentado solo.
Así que decidió acompañarlo sin comer.
—Ya que has comido, ahora escúchame. —Vilma se enderezó un poco, su expresión indiferente y seria.
Al ver que traían los bollos de crema, Uliana tomó uno y se lo metió en la boca, mientras le pedía al mesero cuatro recipientes para llevar.
Al oír a Vilma, la miró de reojo. —Seguro que no es nada bueno.
Vilma fue directa al grano, soltando una bomba: —Mis padres biológicos parecen haber aparecido.
Uliana tenía un bollo en una mano y un vaso de agua en la otra.
Al oír esas palabras, el agua que acababa de beber se le fue por el camino equivocado, y tosió, salpicando toda la mesa.
—Tú… cof, cof… ¿qué dijiste? —preguntó con los ojos muy abiertos, incrédula, mientras intentaba controlar la tos.
Vilma, muy tranquila, continuó: —Enviaron a alguien a buscarme, pero no quiero reencontrarme con ellos. Necesito que cooperes conmigo.
En realidad, Ricardo había venido a Celestia por su cuenta. Lo más probable era que Olivia y Samuel ni siquiera lo supieran.

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