Ahora que Nélida decía que no buscaba el placer físico y que le importaban más los sentimientos, de repente se sintió aliviado, la presión disminuyó drásticamente.
La rodeó con un brazo por los hombros y, sin poder evitarlo, le prometió: —Neli, te juro que te trataré bien.
—Y a nuestra hija —añadió ella, sin una pizca de vergüenza.
—Sí, y a nuestra hija. —Facundo sonrió, la besó y se giró para colocarse de nuevo sobre ella.
Sin embargo, esta vez, ni siquiera el aceite indio pudo salvarlo…
————
Por la mañana, mientras Vilma iba de camino al trabajo, recibió una llamada de su mejor amiga.
—Ayer estuve hasta el cuello de trabajo, ni siquiera tuve tiempo de preguntarte cómo te fue con Palmiro —dijo Karina, preocupada.
—Palmiro está muy ocupado y no puede tomar mi caso —explicó Vilma—. Me recomendó a una abogada especializada en divorcios.
—¿Ah, sí? ¿Y qué te pareció? ¿Crees que es buena? Si no, puedo volver a hablar con mi tío Mauricio para que…
—No, no, no hace falta.
Vilma sabía que su amiga cumpliría su palabra, pero le daba mucha pena volver a molestar a los mayores de su amiga para presionar a Palmiro, así que la detuvo rápidamente.
—La abogada parece muy competente. Hoy, en cuanto tenga un momento, hablaré con ella en detalle para presentar la demanda lo antes posible.
—Bueno, de acuerdo. Pero si las cosas no van bien más adelante, buscaremos la forma de contactar a Palmiro.
—Claro.
Sabiendo que su amiga estaba ocupada, Vilma no le contó por teléfono su peculiar "historia" con Palmiro.
En cuanto llegó a la oficina, su antiguo compañero de universidad, Quico, fue a buscarla.
—Vilma, ¿cómo te estás adaptando al trabajo? ¿Has tenido algún problema?
Vilma sonrió cortésmente. —No, todo va muy bien. Solo que mi hijo está hospitalizado y tengo que acompañarlo por las noches, por eso ayer me fui justo a mi hora.
En el sector de la informática, era bien sabido que las jornadas laborales extenuantes eran la norma.

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