—Neli, ¿sabes cuánto tiempo he esperado este día? He soñado con tenerte…
Una voz muy familiar. Era Facundo.
Vilma frunció el ceño, mirando el teléfono con incredulidad.
¿Nélida tenía el descaro de llamarla para provocarla abiertamente?
Tras la sorpresa inicial, Vilma presionó de inmediato el botón para grabar.
Una prueba de infidelidad servida en bandeja de plata. Sería una tonta si no la aprovechaba.
La risa coqueta de Nélida se escuchó: —Así que, en realidad no es que tú no puedas… es que Vilma no tiene suficiente encanto para excitarte, ¿verdad?
La voz de Facundo sonó grave y ronca: —Sí. No la menciones en un momento como este, me arruina el ambiente.
—De acuerdo, no la mencionaré.
Después de eso, no hablaron más, pero el sonido de los besos y el inconfundible ritmo de sus cuerpos se transmitían con claridad.
Vilma nunca imaginó que la vida le depararía una experiencia tan bizarra y retorcida.
Estaba escuchando, prácticamente en vivo, todo el proceso de la infidelidad de su esposo con su amante.
Había pensado que estallaría de ira.
Pero, en realidad, se sentía extrañamente tranquila.
Dejó el teléfono sobre la mesita de noche, permitiendo que la apasionada actuación del otro lado continuara.
Solo cuando el hombre soltó un gemido agudo y excitado, sintió una fuerte náusea y estaba a punto de colgar, pero de repente, la llamada se cortó desde el otro lado.
Miró y vio que la pantalla ya estaba oscura.
Vilma esbozó una sonrisa fría, tomó el teléfono y, sin saber muy bien por qué, envió un mensaje al número que la había llamado.
[Menos de diez minutos. Parece que el encanto de la amante no es para tanto.]

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