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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 33

Favoritismo hacia el hijo varón, vivir a costa de su hija, chantaje emocional y una moral retorcida.

Pero por mucho que los despreciara en su interior, al fin y al cabo eran los abuelos del niño, y ella, como niñera, no podía hacer mucho más que mostrarse fría en su trato.

A Uliana no le gustó la actitud de Jacinta.

Así que, cambiando su expresión, le dijo sin rodeos: —Nosotros nos quedamos con Nereo. Puedes bajar a dar un paseo.

Jacinta la miró de reojo. —No hace falta, afuera hace frío. No voy a bajar. Además, la señorita Aguayo me pidió que no me apartara del niño ni un segundo.

Uliana había venido con un propósito, y con la niñera allí, no podría llevarlo a cabo.

Tenía que encontrar la manera de quitársela de en medio.

—¿Qué estás insinuando? ¿Nos tomas por ladrones? Para que te quede claro, somos sus abuelos, su familia. ¿Acaso no somos más de fiar que una extraña como tú? —El tono de Uliana se volvió cada vez más mordaz.

Sandro fue aún más directo: —¿Quién te crees que eres para darte esos aires, simple empleada? Cuando te digo que te largues, te largas. ¿Quieres que le diga a mi hija que te despida ahora mismo?

Jacinta era una persona sencilla y que la insultaran de esa manera, directamente a la cara, hizo que sus ojos se enrojecieran de ira.

Se quedó en silencio, enfrentándolos por un momento, pero no pudo soportar la humillación. Se dio la vuelta y salió, dando un portazo.

Sin embargo, no podía quedarse tranquila. Así que, mientras bajaba, llamó a Vilma. Pero no contestó.

Imaginando que Vilma estaría ocupada en el trabajo, no volvió a llamar. Simplemente le envió un mensaje diciendo que los abuelos del niño habían llegado.

En la habitación, Uliana se asomó por la rendija de la puerta y, al confirmar que Jacinta se había ido, se sintió aliviada.

Se giró y le preguntó a su esposo en voz baja: —¿De verdad vamos a hacer esto? ¡Vilma se va a enojar muchísimo!

—¿Y qué quieres que haga? ¿Quieres que Jacob acabe en la cárcel? —replicó Sandro con el ceño fruncido y maldiciendo en voz baja—. Esa mocosa malagradecida. Pagó ciento cincuenta mil de depósito para el hospital de golpe, pero no es capaz de darnos ni un centavo. ¡Es su propio hermano y se niega a salvarlo!

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