Dicho esto, Vilma colgó sin esperar la respuesta de su madre.
Un día de trabajo intenso ya la había dejado físicamente agotada y exhausta.
La llamada de su familia fue como una tormenta que la azotó, empeorando aún más su situación.
Al llegar al hospital y ver a su hijo esperándola con una sonrisa, el rostro de Vilma finalmente se iluminó.
Jacinta terminaba su turno; ella se quedaba en el hospital durante el día y se iba a casa a dormir por la noche.
Antes de irse, le mencionó que Facundo había estado allí.
Vilma asintió. —Lo sé, me llamó.
Sintiéndose agradecida por la gran ayuda de la niñera, Vilma sonrió y dijo: —Jacinta, sé que ha sido mucho trabajo para ti últimamente. Te subiré el sueldo quinientos, espero que no te parezca poco.
Jacinta, al oír del aumento, sonrió de oreja a oreja. —¡No es poco, gracias, señorita Aguayo! Sé que está pasando por un momento difícil y que aun así me suba el sueldo dice mucho de usted.
—Me alegra que lo entiendas.
Después de que Jacinta se fue, Vilma miró a su hijo, recordando las palabras de Facundo.
—Cariño, si papá y mamá se separan, ¿con quién te gustaría quedarte? Con papá probablemente tendrías más dinero, podrías comer mejor, jugar más y vivir mejor. Con mamá…
—¡Quiero a mamá! —la interrumpió el pequeño antes de que terminara.
—Papá me preguntó hoy, y le dije que quiero a mamá —repitió, enfático.
Vilma se quedó helada por un segundo, y luego sintió un nudo en la garganta. Abrazó a su hijo con fuerza.
————
Era tarde en la noche. Vilma acunaba a su hijo, dándole suaves palmaditas para que se durmiera.

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