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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 284

—Ah, vale —respondió Vilma, asintiendo a la distancia hacia el conocido de Quico a modo de saludo.

Estaba ansiosa y temía que Quico viera a Palmiro cuando llegara a la entrada del hotel, así que se adelantó: —Bueno, Quico, que sigan platicando. Mi amigo ya llegó.

—Claro, cuídate mucho.

—Igualmente.

Vilma caminó a paso rápido hacia la entrada del hotel mientras sacaba su celular para llamar a Palmiro.

Contestó al instante.

—¿Qué pasa?

—¿Ya llegaste? —preguntó Vilma, apurada—. Si no, no te acerques. Estaciónate en la calle y yo voy a buscarte.

—¿Por qué? —Palmiro no entendía nada—. Está lloviendo. ¿No es mejor que pase por ti directamente a la entrada?

*¿Está lloviendo?*

Vilma se sorprendió. Durante el día había hecho un sol radiante.

Pero así era el clima del sur, tan pronto soleado como lluvioso.

Antes de que Vilma pudiera explicarle el motivo, Palmiro volvió a hablar: —Ya te vi.

Al decirlo, Vilma vio cómo un auto de lujo, discreto pero elegante, se dirigía hacia el pórtico. Justo cuando salía por la puerta giratoria del hotel, vio el vehículo acercarse y retrocedió rápidamente para evitarlo.

Para su sorpresa, el auto se detuvo. La puerta trasera se abrió automáticamente y de ella salió una pierna larga, delgada y perfectamente recta.

Vilma contuvo el aliento. Incluso antes de que su mirada se encontrara con aquel rostro, su corazón ya se había desbocado.

La persona que bajaba del auto era, en efecto, Palmiro.

Sin embargo, antes de que el alto y espigado Palmiro pudiera salir completamente del vehículo, un pensamiento repentino cruzó la mente de Vilma. En un arranque, corrió hacia él, lo tomó por los hombros y lo empujó de vuelta al interior del auto.

—¡Vámonos, rápido! —exclamó mientras se metía al coche y cerraba la puerta a toda prisa.

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