En cambio, de su exmarido y los Aguayo, no se acordaba en lo absoluto.
Querer ver a la persona que te gusta es una necesidad emocional, pero el problema era que compartía habitación con una colega. Si no estaba en la habitación por la noche, ¿cómo lo explicaría?
—Comparto habitación con una compañera.
—No me importa. Si no me dices la dirección, tendré que averiguarla por otros medios —la amenazó Palmiro fríamente.
Sabía en qué empresa trabajaba Vilma. Con sus contactos en Celestia, solo era cuestión de una llamada telefónica.
—No, espera. Te la envío en un momento.
—Bien, entonces cuelgo.
Palmiro, habiendo logrado su objetivo, cortó la llamada sin más.
Vilma se quedó de pie junto a la ventana del pasillo de emergencia, sintiendo la brisa nocturna.
Todavía no podía asimilar por completo el hecho de que iba a ver a Palmiro en cualquier momento.
Ese tipo era realmente un hombre de acción, siempre tomándola por sorpresa.
Después de un rato con la mente en blanco, recordó la amenaza de Palmiro y se apresuró a enviarle la dirección del hotel.
Era un hotel de solo tres estrellas; seguro que no sería de su agrado.
¿La obligaría a hacer las maletas y acompañarlo a otro hotel?
¿Y cómo se lo explicaría a Gema y a Quico?
Habían venido juntos en un viaje de trabajo, así que lo lógico era que volvieran juntos.
Pero ella…
El celular sonó con una notificación. Era una respuesta de Palmiro: [El navegador indica que faltan 40 minutos.]
¡Dios mío!
Vilma se lamentó por dentro. ¡En 40 minutos estaría aquí!
¿Debería empacar sus cosas o no?
Si las empacaba y resultaba que él no tenía intención de llevársela a otro hotel, sino que solo venía a buscarla para cenar algo… sería muy vergonzoso.
Cuanto más pensaba, más confusa se sentía y más le ardía la cara.
Se cubrió el rostro con las manos y se dio la vuelta rápidamente para volver a la habitación.

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