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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 281

El rostro de Palmiro se ensombreció, recuperando su frialdad en un instante.

—¿Cuál es la prisa? ¿Acaso tienes ganas de morirte?

Él no tenía ninguna prisa por ver a nadie.

Vilma, al otro lado de la línea, escuchó esto y preguntó confundida:

—¿Qué significa eso? ¿Qué dijo el asistente Iker?

—Nada —respondió Palmiro, controlando la emoción que le hacía latir el corazón con fuerza y adoptando a propósito un tono altivo—. ¿Ya te dormiste?

—No —contestó ella. Aunque pensaba irse a dormir justo después de esa llamada, pero se guardó ese comentario.

Intuía la razón por la que Palmiro venía a Ciudad Brisamar en ese momento, pero la timidez y la barrera invisible que aún existía entre ellos le impedían preguntar directamente.

Así que optó por una indirecta.

—Entonces, ¿después de la fiesta en Ciudad Orilla tienes que venir a Ciudad Brisamar por trabajo?

Palmiro resopló y preguntó sin rodeos:

—¿Por qué te haces la tonta? Ya son las once de la noche, ¿qué trabajo voy a hacer?

—Entonces… ¿a qué vienes? —El corazón de Vilma latía aún más rápido, tanto que sentía que le faltaba el aire al hablar.

—¿Tú qué crees que vengo a hacer? —preguntó Palmiro a propósito, forzándola a que lo dijera ella misma.

Llegados a este punto, Vilma ya no podía seguir haciéndose la ingenua.

—¿Vienes… a buscarme?

Al decir esas palabras, solo podía oír el fuerte «pum, pum» de su propio corazón.

—Hum —emitió Palmiro, un sonido entre una risa y un resoplido—. Vengo a atraparte, no sea que mañana se te ocurra alguna excusa para no volver a casa.

Vilma, sosteniendo el celular, sintió que su cerebro se desconectaba.

Sus mejillas ardían como si estuvieran en llamas, y ni siquiera la brisa fresca de la noche podía enfriarlas.

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